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el blog de los aprendices de Filosofía

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la originariedad y temporalidad del diálogo filosófico

Umberto Eco nos aconseja: “trabajad sobre un contemporáneo como si fuera un clásico y sobre un clásico como si fuera un contemporáneo”.

La temporalidad de lo histórico es la unidad extática donde se enlazan inseparablemente el futuro, el presente y el pasado, integrándose y siendo comprendidos como tales. Cuando la tradición oral y escrita es comparada además con otras, surge la posibilidad de comprender la gestación de las diversas culturas como creaciones humanas y con ello nace la conciencia que propiamente llamamos histórica.

Ha de realizarse una distinción muy cuidadosa entre la temporalidad intrahistórica de los elementos “materiales” de la historia y el caracter transcendental de la acción libre que funda esa historia en virtud de su propio modo de ser. Sólo  en esa distinción se alcanza a comprender la historicidad propia de la reflexión filosófica y la originariedad del diálogo que se ha de mantener con los textos del pasado.

Lo histórico se refiere a lo intrahistório, es decir, a los elementos materiales que se presentan como problemas y/o como medios o instrumentos para esa comprensión y su proyecto de libertad, y a los elementos materiales-culturales o bienes producidos en los que se plasma y expresa dicha comprensión y proyecto. La historia como ciencia ha de estudiar las objetividades y buscar su determinación objetiva con la que poder “dar cuenta” de lo estudiado. Por tanto, excluye metodológicamente recurrir a la libertad como explicación, pues ella es autonomía, lo objetivamente no determinable, y esto científicamente significaría ignorancia de las causas determinantes. Por tanto, la historia como ciencia permanece en la temporalidad de lo intrahistórico, constituido y determinado por las relaciones heterónomas estudiadas.

Los elementos intrahistóricos se encuentran determinados históricamente, o al menos determinarlos de tal manera es el programa que se pone a sí misma la ciencia histórica. Pero no se puede hablar del mismo modo del acto de libertad que funda esa historicidad, ni siquiera del acto que funda la misma ciencia histórica. La propia comprensión histórica sólo es posible por medio de un acto y una estructura transcendental que ya no pueden ser elementos intrahistóricos, sino una acción que posibilita el conocimiento de éstos.

La temporalidad o historicidad del pensar filosófico es la propia de todo acto originario de libertad, como ocurre también con el arte o con la invención de paradigmas científicos, etc. No parten, ciertamente, de una substancia cerrada en sí y transcendente, sino de una cultura, de un lenguaje ya dado, de unos materiales disponibles, de unas relaciones sociales que lo favorecen o estorban, de unos problemas y una situación concretos. Está condicionado, pero no determinado por las relaciones que estudia la historia.

La historicidad del quehacer filosófico se encuentra configurada por:

  • una temporalidad intrahistórica que obliga a un estudio científico, histórico y filológico, y a la vez, por
  • una originariedad que no tiene el carácter de cosa, ni temporal ni eterna, sino el de una manifestación de lo originario, que obliga a co-pensar, a filosofar, si ha de ser entendido.

Escuelas, términos, tipos preferente de problemas, planteamientos retomados o rechazados, instituciones… son elementos intrahistóricos interno al mismo devenir de la filosofía. Todos esos elementos han de ser estudiados con riguroso método histórico y filológico. Pero todo eso se quedaría en mera erudición, en conocimiento “externo”, y a la postre en incomprensión, si no logramos captar la originariedad del pensar que allí se manifiesta.

El pensar filosófico no es mera expresión de la psicología de un individuo o de la cultura de una época o la de su clase social, sino que tienen una intención de verdad, de universalidad, de validez sobre lo real, por encima de esos condicionamientos personales e históricos. Esta pretensión se funda en la originariedad del acto de libertad y de la autoconciencia transcendental, las cuales son condiciones de posibilidad de la reflexión filosófica. Pero todo esto es posible si también pensamos por nosotros mismos, si co-filosofamos recreando el texto de tal manera que no nos quedemos en las meras palabras, sino que éstas se nos vuelvan transparentes nos dejen ver hacia dónde apuntan (quizás sin alcanzarlo), o sea aquello de lo que hablan, el asunto del que tratan y que nos concierne también a nosotros, viendo que su tema no es meramente intrahistórico.

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15 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: Pensar desde sí la totalidad

Sólo abriéndonos idealmente a la totalidad de lo real podemos darnos cuenta de nuestras limitaciones empíricas, situar y comprender nuestra finitud: porque sé qué significa la totalidad (idealmente), comprendo mi situación como una concreción limitada, y a la inversa.

Llamamos “razón” a esa apertura consciente y reflexiva del sujeto pensante a la totalidad, apertura que se lleva a cabo preferentemente en el tipo de reflexión que denominamos “filosofía”. Ese es el ámbito en donde se realiza propiamente la libertad, en el que nos orientamos y sabemos a qué atenernos. Esa apertura hace posible poner en tela de juicio las ideas concretas que yo tengo ahora de las cosas, en cuanto desorientadas o parciales, gracias a un diálogo con los otros que me sitúa en mi singularidad. Porque todos pretendemos hablar de esa totalidad de lo real, es posible y necesario el diálogo.

Por el camino de lo empírico nunca se llega a la totalidad. Las teorías o hipótesis coentíficas sólo alcanzan parcelas o sectores de la realidad. La filosofía, por el contrario, es un pensar que se pregunta de principio por la totalidad como tal: ¿qué es lo real? La filosofía no remite a algo determinado, como la ciencia, sino a lo originario, a lo libre. Nace de la libertad y se dirige a la libertad.

El científico puede trabajar dentro de un paradigma, con sus datos, pues su investigación es más concretizable, objetivable, medible, repetible experimentalmente, decidible de modo empírico. El filósofo, aunque parte de hechos a explicar, se apoya en última instancia en la razón, pues la totalidad no es empíricamente comprobable.

El tema científico puede venir dado más desde fuera, desde lo objetivo, o desde el estado actual de la investigación y de los experimientos. El tema filosófico es más independiente de ese estado de la cuestión (sin por ello tener que desconocerla), pudiendo volver a lo pretendidamente superado. La ciencia nace de un acto de libertad, pero no se dirige a pensarla en cuanto tal. Parte del interés (práctico y pragmático) que el sujeto tiene de liberarse lo más posible de sus limitaciones y protagonizar su vida (= ser sujeto), pero se centra en los objetos, en lo heterónomo, en los útiles entre los que podría moverse y concretarse nuestro proyecto de autonomía. La filosofía tiene a éste por tema.

El científico ha de estar informado de ese último experimento que parece confirmar o refutar empíricamente las consecuencias de tal o tal hipótesis, y lo que dijeron los griegos puede ser más bien de museo; el filósofo no está tan atado a la novedad, pues su investigación no es tan lineal ni objetivable, sino que ésta retorna siempre al principio ya que es un continuo repensar ese principio, y lo que dijo Platón es en cierta manera tan actual como lo que ha dicho Heidegger.

12 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la originariedad y la finitud en la investigación filosófica

Sobre la originariedad

  • Yo quiero = yo quiero satisfacer mi querer.
  • Sólo hay comprensión cuando se va de las teorías a la realidad y de la realidad a las teorías.
  • En filosofía hemos de relacionar lo que leemos con nuestro pensar, nuestro querer y nuestro vivir, en caso contrario el texto no nos dice nada; hay que ir de los libros a la vida, de la reflexión a la experiencia personal, y a la inversa, para que ambos se vivifiquen.
  • Primera regla práctica: el interés propio ha de ser el que elija el tema a investigar.

Este es el fundamento y la meta en el estudio de la filosofía: la originariedad, que cada uno construya desde sí, desde su libertad, la comprensión del mundo, sólo así habrá verdadera comprensión, y no primariamente la originalidad por la originalidad, el decir las cosas que nadie haya dicho antes; eso vendrá por añadidura.

La investigación filosófica ha de servir en primer lugar a uno mismo, a crecer intelectualmente en aquello que le interesa, o al menos que le proporcione cierta satisfacción intelectual, a fin de que le sea productivo ese esfuerzo. Entonces quizás lo sea también para otros.

Sobre la finitud

  • El querer es finito y por tanto tiene que manifestarse como queriendo algo, ha de concretar su interés, diseñar o planificar su fin.
  • El querer busca la totalidad, donde estaría plenamente satisfecho y encontraría el bien supremo. Este, en nuestro caso, sería saberlo todo
  • No obstante, el querer, en cuanto finito, se ha de mediatizar por lo objetivo, pues lo empírico es inabarcable.
  • Segunda regla práctica: hay que concretar el tema de forma asequible a las posibilidades de uno mismo, asequible por su amplitud, el tiempo disponible, la preparación que ya se tiene, los idiomas que se conoce o se puede aprender, la bibliografía alcanzable, etc.

Es importante estar informado, como corresponde a nuestra finitud, pero más aún darse tiempo para pensar por sí mismo esos materiales aportados por la lectura, elaborarlos personalmente, organizarlos desde nuestra originariedad.

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La serie que comienzo con título “Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica” son resúmenes del texto que tiene el mismo nombre de Jacinto Rivera de Rosales, profesor del departamento de Filosofía de la UNED, y que puedes descargarte aquí

1 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario