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el blog de los aprendices de Filosofía

En busca de la excelencia: la filosofía moral griega

El objetivo del pensamiento de la filosofía moral griega no es otro que la excelencia de las personas, de ahí que se pueda denominar a esta filosofía moral como una ética de las virtudes. “Virtud” es el término con que traducimos al griego areté, que significa la excelencia de una cosa: desempeñar bien el propio fin, la función de cada cosa. Todo tiene su fin, su télos, de tal forma que alcanzarlo era conseguir la virtud, la excelencia. Así, la ética debía ocuparse del télos, de la función o areté del ser humano.

A ese fin al que tiende cada cosa y, por extensión, al fin del ser humano los griegos le llaman agathós, el “bien”. Ser virtuoso, aplicado a los humanos es lo mismo que ser bueno, ser una buena persona. Y puesto que la virtud e la excelencia, alcanzar y tener areté consistiría en ser aristos, el mejor. El conjunto de todos estos conceptos, que calificaban la vida de los griegos, nos habla de una sociedad competitiva y meritocrática, donde se recompensa y se reconoce al que sobresale y se destaca en el empeño de ser bueno, virtuoso, el mejor.

Ética proviene de êthos que, a su vez, significa manera de ser, carácter. Buscar la dimensión ética de la existencia implicaba esforzarse por forjar una manera de ser virtuosa, de acuerdo con ese bien último que debía buscar y alcanzar la existencia humana. Así planteada, la ética supone dos cosas:

  1. Que la naturaleza o la vida humana tiene un bien o un fin determinado que hay que realizar.
  2. Que esa realización depende del ser humano.

Nadie nace siendo virtuoso, sino que la virtud puede y debe adquirirse. En eso, en intentar adquirir la virtud, consiste la formación del carácter o la formación moral de la persona. Más que entender la ética como un cómputo de deberes o de normas, los griegos la entienden como la adquisición por parte de cada uno de una segunda naturaleza o de una serie de virtudes, de una manera de ser que los hace virtuosos o buenas personas. La ética estaba estrechamente vinculada a la educación, a la adquisición de hábitos y costumbres que son los que van formando el carácter.

En la época griega, la guerra es el espacio natural del hombre, de ahí que la mejor forma de existir en tal espacio sea la del combatiente. Aún Platón reconocía que el lugar natural del hombre es la guerra, pues no sólo “todos los hombres son, pública o provadamente, enemigos de todos los demás”, sino que “cada uno es también enemigo de sí mismo”.

El bien, en tal caso, consiste en “poseer todas las cualidades valoradas en la sociedad griega: coraje bélico y habilidad en la guerra, así como éxito en la misma”. En una sociedad de tales características, no todos los hombres pueden llegar a ser virtuosos: sólo llegará a serlo el héroe que, para empezar, tiene que ser noble. Es una concepción aristocrática y material del comportamiento excelente, pues sólo es bueno o virtuoso aquel que tiene el privilegio de poder serlo y que, por lo tanto, será reconocido públicamente como tal. La vida interior, espiritual, cuenta poco o nada, si falta esa dimensión pública de la virtud.

Por todo ello, el héroe necesita al poeta que divulgará sus actos y sus triunfos, que lo hará famoso. Estamos, asimismo, ante una “cultura de la vergüenza” en la que el aprecio de la sociedad es fundamental como indicador del valor moral de la persona. No ha llegado aún la “cultura de la culpa“, más propia de un pensamiento cristiano o de una filosofía de la conciencia que valora y se arrepiente de sus actos.

18 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , | Deja un comentario

La moral como estructura: libertad y determinismo

El hombre, al poder dar diferentes respuestas y hacer diversas propuestas, tiene que interpretar la realidad y elegir de entre las posibilidades que se le ofrecen las que estime pre-ferentes, lo que comporta una vida inestable, que no es sino la otra cara (y el riesgo) de su propia libertad. Como al animal, la vida nos ha sido dada, pero a diferencia de él, no nos ha sido dada hecha, teniendo cada cual que ser su propio novelista -más o menos originario o plagiario- e inventar su propia vida: nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado. Y es que hay algo de lo que los hombres no somos libres: de dejar de serlo, pues, como decía Sartre, estamos condenados a la libertad.

Es a ese tener que elegir a lo que se denomina moral como estructura.

Pero libertad y responsabilidad no se ejercen, desde luego, en ausencia de todo condicionamiento. Lejos de pensar la libertad como simple indeterminación o falta de límite, es en su seno donde hemos de realizarla. La falta de límites no permite nuestra realización, sino que nos extravía y, como en el desierto, al carecer de todo tipo de referencias, no sabríamos hacia dónde dirigirnos. El límite, la perspectiva, nos orienta y nos abre al mundo.

17 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | | 1 comentario

Moral como actitud

Ética interpersonal y ética impersonal

La génesis del individuo está socialmente mediada: la individualización se produce a través de la socialización. En Ética y Política, Aranguren subrayó la necesidad de la apertura a los otros para que se pudiese hablar de una actitud realmente ética que, sin menoscabo del protagonismo individual, pudiese generar una ética social o transpersonal, desplegada en :

  • Ética interpersonal o ética de la alteridad, en la que el otro es un alter concreto, o en una…
  • Ética impersonal o ética de la aliedad, en la que el otro no es un alter al que conozco y trato, sino un alius, es decir, un otro innominado y más o menos distante, pero al que asimismo estoy obligado en las tareas colectivas de la sociedad a la que pertenezco.

Ética de la convicción y ética de la responsabilidad

La persona que se mueve mediante una ética de la convicción lo hace por principios incondicionados, con independiencia de los resultados derivados de su actuación, es decir, son entrar en un cálculo de las consecuencias derivadas de su acción, conforme al lema “Obra bien y deja el resultado en manos de Dios”.

Otras personas, como los políticos, aún no careciendo de principios, ha de estar atento a las consecuencias previsibles e incluso laterales y no deseadas de suacción, moviéndose conforme a una ética de la responsabilidad. Este tipo de ética se desliza  por la peligrosa pendiente de la violencia y el mal:

“Ninguna ética del mundo puede eludir el hecho de que para conseguir fines “buenos” hay que contar en muchos casos con medios moralmente dudosos, o al menos peligrosos, y con la posibilidad e incluso la probabilidad de consecuencias laterales moralmente malas” (Weber)”

No se trata de dos tipos de éticas, una para el común de los mortales y otra para los poíticos, pues éstos se encuentran tan sometidos a los principios éticos como los demás, sino de las nunca fáciles relaciones entre ética y política, las cuales pueden oscilar entre la actitud del “alma bella”, que preserva la limpieza de sus manos a costa de su escapismo o que que se convierta en fanática, y la presuntamente eficaz, pero sin escrúpulos, que sacrifica al dios de la violencia principios y personas.

Ética normatica: ética teleológica y ética deontológica

La ética normativa es aquella disciplina filosófica que trata de señalar lo bueno o lo malo en la vida humana, lo que debemos hacer en el orden de los princpios, siendo misión de la phrónesis, de la prudencia en el sentido aristotélico del término, su aplicación a la inmensa variabilidad de los casos particulares.

La ética teleológica advierte que el Bien es aquello a los que todas las cosas tienden, siendo la eudaimonía (habitualmente traducido por felicidad) el bien buscado por los humanos. Toda su estrategia consiste en llenar de contenido normativo el concepto de felicidad.

El paradigma deontológico de la ética procede de Kant quien argumenta a su entender que si el fin que quizá podemos atribuir a la naturaleza hubiera sido que el hombre fuese simplemente feliz, la naturaleza lo habría equipado para tal propósito con cierto sistema que le permitiera acceder a través de un sistema instintivo que no errara ni en los fines ni en los medios necesarios para obtener la felicidad. Al dotarle de razón y libertad parece que el hombre queda alejado de verdadera satisfacción, pues el cálculo relativo al disfrute de la vida acaba por conducir a muchos a una cierta misología u odio hacia la razón, al desesperar de ésta como medio adecuado para tal disfrute. El fin de la razón, para Kant, no es tanto (o no sólo) la consecución de la felicidad, sino el hacernos dignos de ella a través de una buena voluntad.

Teorías descriptivistas y no-descriptivistas

Dentro de las teorías descriptivistas encontramos:

  1. Teorías naturalistas: estiman que las condiciones de verdad de los enunciados morales son similares a las de las ciencias empíricas, por lo que los métodos de éstas serían suficientes para dilucidar su verdad o falsedad, sin precisar de ninguna premisa ética, dado que el significado de los enunciados éticos es similar al de aquellos otros en los que no aparecen términos éticos.
  2. Teorías intuicionistas: comparte con el naturalismo el que los enunciados éticos pueden ser verdaderos o falsos y el que los términos éticos se refieren a propiedades, pero sosteniendo sin embargo que esas propiedades no son definibles no empíricamente observables, sino propiedades morales sui generis, sólo accesibes a la intuición.

Para el no-descriptivismo ni los términos éticos se refieren a propiedades ni los enunciados éticos pueden ser parafraseados metalingüisticamente en el lenguaje de la verdad o de la falsedad.

  1. Según el emotivismo un enunciado ético no describe nada del mundo, sino que expresa las actitudes o emociones del hablante, haciéndose imposible el discurso racional en Ética.
  2. El prescriptivismo insiste en que la función de los enunciados éticos, aun no siendo descriptiva, es asimilable a la de otros enunciados no fácticos, como ordenar, prescribir, aconsejar, etc. asólo que las convicciones éticas no deberían identificarse con la posesión de actitudes, deseos o emociones personales, sino con la de actitudes impersonales o “morales”, si es que el discruso ético es racionalmente posible, sin reducirse a la retórica emotiva.

16 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 2 comentarios

Moral-inmoral: moral como contenido

Moralidad y eticidad

El ser humano no sólo trata de “ajustarse” a la realidad de cualquier forma, sino de hacerlo con justeza, de la manera preferible o mejor, debida o buena, que es a lo que se denomina “moral como contenido” (según Zubiri y Aranguren). Los contenidos de la moralidad suene venir ofrecidos sociohistóricamente por las religiones, las visiones de sentido y las normas de convivencia, es decir, por los códigos culturales. Esa normatividad la encarnan las instituciones y queda recogida en el francés moeurs o en el alemán Sitten. La Sittlichkeit (la eticidad) viene constituida, para Hegel, por las valoraciones sedimentadas en las instituciones sociales que superan lo que él consideraba la “mera moral”.

Bueno en sentido instrumental y en sentido moral

El término bueno no siempre se usa en sentido moral. En ciertas ocasiones tiene un significado puramente instrumental, en cuanto adecuado a su fin, como cuando decimos que un cuchillo es “bueno”, en la medida en que corta precisa y afiladamente, sin darle a la expresión connotación moral alguna. “Deseable”, por su parte, puede referirse tanto a lo que debe ser el objeto de deseo cuanto a lo que de hecho es deseado por alguien.

Kant, en la Crítica de la razón práctica (1788), quiso desbaratar el equívoco y la ambigüedad de las expresiones “bonum” y “malum”, susceptibles de un doble sentido, sirviéndose de las posibilidades brindadas por el alemán:

  • Acepción moral: “das Gute” (lo bueno) para bonum y “das Böse” (lo malo) para malum.
  • Acepciones instrumentales: “das Wohl” (lo provechoso”) para referirse a bonum y “das Übel” (lo perjudicial) o “das Weh” (lo dañino) para referirse a malum.

El provecho o el perjuicio siempre significan tan sólo una relación con nuestro estado de agrado o desagrado, de deleite y dolor, y cuando deseamos o aborrecemos por ello un objeto, tal cosa tiene lugar únicamente por cuanto dicho objeto queda relacionado con nuestra sensibilidad, asó como con el sentimiento de placer y displacer que produce.

“Felicidad es la satisfacción de todas nuestras inclinaciones, tanto extensive, atendiendo a su variedad, como intensive, respecto de su grado, como también protensive, en relación con su duración. La ley práctica derivada del motivo de la felicidad la llamo pragmática (regla de prudencia). En cambio, la ley, si es que existe, que no posee otro motivo que la dignidad de ser feliz la llamo ley moral (ley ética) (Kant, 1978)”

Ética material y ética formal

La moral como contenido no es necesariamente lo que se ha dado en llamar una etica material, sino que puede venir constituida por una ética formal. La ética material prescribe a través de códigos morales y de modo bastante concreto lo que se debe hacer, regulando con detalle el contenido de nuestro comportamiento. La ética formal no establece qué hemos de hacer en concreto, sino tan sólo cómo hemos de obrar para que nuestro comportamiento sea efectivamente moral. En este caso, la moral como contenido se hace aquí puramente formal, es decir, vacía de contenido.

15 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Moral-desmoralizado

Cuando decimos de alguien que se encuentra desmoralizado o que está bajo de moral no se pretende decir que se comporta de mala manera. La vida moral no sólo consiste en obrar bien, sino asimismo en mantener, en medio de las dificultades que la vida acarrea, el suficiente ánimo para afrontarla. La tristeza (tristitia) y el abatimiento eran considerados por los teólogos medievales como el pecado radical y la alegría, para autores como Nietzsche o Spinoza, como una de las formas más altas de virtud. El sentido que adquiere “moral” cuando se contrapone a “desmoralizado” viene a ser el de “fuerza para vivir”, ánimo, coraje, que luego habrán de emplearse en el bien o en el mal, pero sin los cuales ni uno ni otro pueden realizarse.

En la época moderna y contemporánea se acepta sin escándalo que la virtud pueda ser el comportamiento impotente y derrotado. No era así entre los clásicos: virtud proviene etimológicamente de vir, arrojo viril, y todavía en el Renacimiento virtú tiene que ver más con el denuedo y la intrepidez que saben hacerse con el triunfo que con la disposición de respetar determinados preceptos de moderación. El virtuoso es el triunfador, el más eficaz.

Como resumen y para terminar, las palabras de Ortega: “Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida, y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino”.

14 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 6 comentarios

Moral-amoral

Un sujeto amoral no es aquél que elige lo malo frente a lo bueno, sino que el que no se hace cuestión de la alternativa del bien y del mal y pretende situarse “más allá” o “más acá” de la misma.

Encontrarse más acá de la alternativa del bien y el mal es situarse en el estadio estético que propone Kierkegaard, es decir, aquel que realiza sus elecciones desde una cierta indiferencia. Se elige ahora esto, luego lo otro, sin que en ninguna de esas elecciones el hombre comprometa su existencia. La diferencia radical entre el hombre del estadio estético y el del estadio ético no es que uno elija el mal y el otro el bien, sino que el primero no quiere hacerse cargo de la cuestión mientras que el segundo la tiene en cuenta. Quien sólo elige estéticamente se coloca a merced del capricho, dejándose elegir por los variables impulsos o dejándose hacer por el tiempo, los otros, la sociedad. Es un indiferente que hace dejación de su responsabilidad y, al negarse a realizar su frágil y arriesgada -pero tal vez hermosa- libertad, se abandona a la cosificación. Como dice Fernando Savater, “el indiferente es cosa entre las cosas: sabe que de las cosas no puede esperarse nada, porque todas dan lo mismo, y él no se siente llamado a introducir apasionadamente en ellas las debidas distinciones”.

Encontrarse más allá de la alternativa pretendió situarse Nietzsche. En vez de una moral reactiva a los criterios por otros impuestos, que no pretende originariamente nada y es propia de espíritus sometidos, él propone la moral de alguien “rudo, poderoso, plantado en sí mismo, que quiere ser señor”. Frente a la moral del rebaño, la figura del superhombre; frente a las normas universales, el propio querer. Su “más allá del bien y del mal” no pretende sino establecer otro “bien” y otro “mal”, una nueva jerarquía de valores.

El fenómeno de la amoralidad hay quien la entiende más como un problema psicopatológico que ético, si es que no como un concepto límite, que remite a un conjunto vacío, en el que los casos aislados de auténtica privación del sentido del bien y del mal vendrían a ser la excepción que confirma la regla, sin forzar una nueva categorización.

13 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Ética y moral: aproximación semántica

Ética deriva de las palabras griegas êthos y éthos:

  • Êthos: posee dos sentidos fundamentales: el sentido más antiguo aludía a la “residencia”, a la “morada”, al “lugar donde se habita”. Así lo señaló Heidegger en su Carta sobre el humanismo. El significado fue evolucionando hasta llegar a designar el lugar (metafórico, interior) desde el que se vive, es decir, la disposiciones fundamentales del hombre en la vida, su carácter.
  • Platón y Aristóteles derivaron êthos de éthos (el carácter de la costumbre) y acercaron el sentido de éthos al de héxis (hábito que se adquiere a través de la repetición). El carácter sería entonces como una “segunda naturaleza” -fuente de nuestros actos y a la vez resultado de ellos-, frente al mero talante o temperamento (significado originario de héxis), con el que hemos de forjar nuestra personalidad moral.

Ambos términos, êthos y éthos, fueron traducidos al latín de la palabra mos, de la que provendría “moral”. En la traducción prevaleció el sentido de costumbre o hábito en detrimento de las otras acepciones, con lo que la reflexión ética se fue deslizando desde el plano del carácter moral al de su desgajamiento en hábitos y, progresivamente, hacia una atomización de la vida moral, que acabaría centrándose en los actos -buenos o malos- tomados aisladamente.

Así, entre los actos, los hábitos y el carácter se establece una especia de círculo: nuestros habitos y actos dependen de nuestro carácter, pero el carácter se forja a través de sucesivas elecciones y decisiones. Y el modo de ser es el resultado de nuestra disposición o talante, elaborado por el carácter que, a través del comportamiento, vamos conformando. Pero el centro de gravedad está en la vida en su conjunto, más que en los actos aislados los cuales, en realidad, sólo cobran relieve e importancia en cuanto se supone que en ellos se expresa la vida moral.

Otra de las difusas fronteras semánticas se encuentra en el filósofo moral (cuya labor es principalmente teórica, aunque referida a la práctica) y el moralista (cuya labor es ante todo la de reformar y alentar la práctica moral de los humanos). Aunque el filósofo moral reflexiona sobre la vida práctica, no por ello tiene forzosamente que jugar el papel de moralista, sino que puede limitarse a una reflexión teórica general sobre el fenómeno de la moralidad.

Y es que la moral hace directa referencia al comportamiento humano y a su calificación en cuanto bueno o malo, haciéndose cargo del mismo los diversos códigos o principios que tratan de regular las acciones de los hombres. Así, podríamos hablar de moral o códigos cristianos, budistas, marxistas, etc. Ética, por su parte, es aquella rama de la filosofía que piensa la vida moral, sin proponerse prescribir o aconsejar, como lo hacen los referidos códigos y principios morales, sino más bien reflexionando sobre ellos, para intentar ver cómo funcionan y dar razón de los mismos.

Resumiendo:

  • “ética” y “moral”, escritas en minúsculas y como sinónimos, se refieren a la moral vivida.
  • “Ética” y “Moral”, escritas en mayúsculas, se refieren a la reflexión filosófica sobre la moralidad, sobre las diversas formas de la moral vivida.

12 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 1 comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: las deficiencias de todo lenguaje

Leer un libro es una tarea utópica, comienza dicendo Ortega en su inacabado Comentario al “Banquete” de Platón. Llama utópica a toda acción cuya intención inicial no puede ser cumplida en el desarrollo de su ejercicio y tiene que contentarse con aproximaciones esencialmente contradictorias del propósito que le había incoado. “Leer” comienza por significar el proyecto de entender plenamente un texto, pero siempre quedará un residuo “ilegible”. Para Ortega, (1) todo decir es deficiente en tanto que se dice menos de lo que se quiere y (2) todo decir es exuberante en tanto se da a entender más de lo que se propone.

1. Lo presupuesto.

Para decir algo tenemos que callar sobre el resto, seleccionar; no se puede decir todo a la vez, y ni siquiera se puede decir todo. Lo presupuesto es lo no dicho, lo no dicho por cuanto se supone que el otro lo sabe, se da por sobreentendido. A esta categoría Ortega la llama “lo inefado”. La palabra adquiere sentido desde el silencio. Ese silencio no sólo es lo inefado, lo voluntariamente dejado en silencio para resaltar lo que interesaba, sino también lo que el filósofo madriñeño denomina “lo inefable”: la imposibilidad que tiene el lenguaje de captar con todo detalle la infinita riqueza de lo rea, de la experiencia directa, sólo comprensible desde otra experiencia que, por tanto, nosotros habremos de tener o realizar. Hay, además, otra tercera categoría de lo no dicho en cuanto presupuesto: es lo no dicho por no estar pensado en el sentido de no haber sido tematizado, objeto de una reflexión que los sacara a la luz.

2. Lo sugerido.

Lo sugerido por la lectura de un texto es aquello que, reflexionando sobre él, yo puedo coherentemente sacara como consecuencia de lo dicho o poner en relación con él.

3. Lo medio alumbrado.

Se trata de lo pensado y dicho por el filósofo pero no con toda claridad precisamente a causa de su novedad, o sea, porque, abriendo caminos nuevos, él se halla aún también con un pie en el anterior.

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Estos dos últimos aspectos, lo sugerido o sugerible y lo medio alumbrado, no son tanto deficiencias del lenguaje, sino de la finitud del pensar humano en general

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Lo presupuesto (lo presupuesto inefable, lo presupuesto sabido o inefado y lo no temáticamente presupuesto), lo sugerido y lo medio alumbrado, más la ausencia o enajenación en la escriturra del contexto y del propio autor, a lo que se ha de añadir nuestra propia deficiencia o ignorancia inicial como lectores del filósofo, y por último la dilucidación que hemos de hacer de nuestro propio pensamiento en relación con la misma cosa, todo esto muestra hasta qué punto escuchar verdaderamente y con profundidad requiere una actividad por parte del lector, un estudio y un pensar por sí mismo.

11 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la especificidad de la escritura

El pensamiento de los filósofos nos viene normalmente a través de la escritura, lo que conlleva unos problemas específicos. La escritura conserva la palabra al precio de arrancarla de su situación concreta y viva; esto nos obliga a contextualizarla de nuevo mediante el estudio.

Según Platón, la escritura producirá olvido al confirarse en ella los hombres, descuidando así la memoria. Y lo que es más grave, producirá una apariencia de sabiduría, pues a los lectores les vendrá el conocimiento desde fuera, y no lo engendrarán desde dentro, es decir, no lo reconstruirán desde sí mismos, de modo que “habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas [esoto es, sin didáctica, sin pedagogía viva], parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes y difíciles de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad”.

Las palabras escritas sólo pueden servir de recordatorio para el que ya sabe, pero no para engendrar sabiduría. Ante esta situación se han de tener en cuenta cuatro aspectos.

1. Nosotros como lectores hemos de suplir la ausencia del autor (de la viveza, de su palabra, de su gesto) y de su contexto, a fin de hacer posible el diálogo, dar vida a la escritura y restaurar su sentido. Esto requiere un buen y fiel conocimiento textual de su obra. Se precisa una larga estancia con los escritos del filósofo para captar su experiencia, su esfuerzo, su mundo, y un ir y venir de texto a texto, de mode que se complementen los unos a los otros y se iluminen por nuestra capacidad de reconstruir el sistema desde el sentido de la totalidad, donde cada parte adquiera su significado.

2. Se requiere una actitud positiva y copensante. Tanto o más importante que el estudio es la actitud misma que lo dirige. Por positiva se entiende una actitud que en principio está a favor del filósofo. Por copensante se entiende la actitud del lector que, como un amigo dialogante, se pone a reflexionar sobre aquello mismo que el autor intenta pensar y llevar al lenguaje, a fin de ayudarle, en realidad de ayudarse mutuamente, en tan difícil empresa. Se podrían esquematizar cuatro tipos de actitudes.

  • Actitud negativa, agresiva, que sólo tiende a derrumbar al autor. El lector está “enfadado” por principio y por prejuicios no aclarados, o por un modo diferente de sentir o de expresarse.
  • Actitud de entusiasmo y fascinación, sólo capaz de ver luces y aciertos.

Estas dos actitudes son caras de una misma modena: no establecen una suficiente distancia crítica respecto del texto de modo que no le dejan ser lo que es, no establecer la distancia necesaria para el diálogo, no reconocen la alteridad del otro, le proyectan como una necesidad propia, y en esta confusión no son capaces de reconocer la realidad, ni la del otro, nila de sí mismo.

  • Actitud descriptiva y fría, que intenta alejarse del defecto de las dos anteriores, pero en la dirección inadecuada. A fin de no estar pegado al filósofo ni dfesfigurarlo por el enfado o el entusiasmo, procira mantener una interpretación distante mediante una objetividad neutra y fría. Para ello hace una abstracción de su pensamiento propio y permanece en el nivel de la descripción.
  • Actitud que procura mantener la difícil distancia “justa”, la que está determinada por la tensión entre nuestra actitud positiva frente a la persona (actitud que nos acerca a ella), y nuestro interés por la realidad y la verdad, la cual mantenemos en virtud de una actitud (co)pensante, y que nos aleja o puede alejar críticamente del filósodo estudiado.

3. La labor interpretadora: hemos de tener en cuenta que no nos encontramos solos, sino que nos insertamos en una tradición interpretativa. Ella nos ha transmitido los textos y nos lo presenta ya con una interpretación, sin la cual, no habría comprensión alguna y tampoco transmisión. En nuestr cultura abierta y plural no podemos hablar ya de una sola interpretación transmitida. Esa pluralidad favorece nuestra libertad obligándonos a decidir y, para ello, a pensar por nosotros mismo. Con ello el diálogo se convierte ahora en un multiloquio, una polifonía de voces y decires.

Pero en este riqueza podríamos asimismo perdernos, aplastados en primer lugar por su magnitud, metidos en el laberinto de bibliografías y bibliotecas interminables. Para esto, recordemos lo dicho sobre la concreción del tema a la medida de nuestras fuerzas, y la preferencia que ha de tener la calidad sobre la cantidad, la formación sobre la información.

Cabe también la posibilidad, en segundo lugar, de quedarnos sin voz propia, enmudecidos ante el tempor de hablar sobre cualquier tema junto a personas tan autorizadas, preguntándonos qué de nuevo podremos decir nosotros. Aquí hay que recordar nuestra constitutiva originariedad, de modo que sólo seremos si nos atrevemos a pensar también nosotros.

4. La escritura no sólo tiene defectos, también aporta inmensas posibilidades culturales que sin ella no se darían. La escritura también nos posibilita potenciar nuestra capacidad de reflexión: al ir escribiendo su trabajo, irá tomando mayor conciencia de su propia investigación, de sus conexiones y deficiencias, y le irán surgiendo nuevas ideas y preguntas.

8 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , , | 2 comentarios

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la tarea ilimitada

En el quehacer filosófico intentamos comprender lo abierto, lo libre, lo originario, pero lo hacemos desde una concreción limitada, con un lenguaje y unos términos concretos, con unas formulaciones y no otras, con una determinada articulación, etc. El asunto filosófico es, en última instancia, lo originario, lo ilimitado, lo libre, lo que desborda toda concreción y finitud como fuente de posibilidad y fuerza continuamente creadora de formas y de sentido. De ahí que el proceso de comprensión sea limitado, siempre en proceso, y consecuentemente también la comprensión de un gran texto de filosofía, que por eso es grande.

Esto es así, en primer lugar por la necesaria concreción de la comprensión. Así como lo limitado y creativo, lo originario, se renueva y se concreta en diversas formas y maneras, no quedándose encerrado en ninguna de ellas, así también el texto filosófico, que sin embargo tiende a pensarlo desde su concreción, requiere ser desbordado incluso para ser comprendido. No nos podemos quedar en su mera literalidad repetida, cosificada, sino que hemos de intentar comprender aquello hacia donde tiende todo ese esfuerzo conceptual, de dónde viene y hacia dónde va. El pensamiento ha de ser comprendido como un diálogo a la vez horizontal con su tiempo y vertical con los que le precedieron en el pensar y le influenciaron, directamente a través de la lectura, o indirectamente por la influencia que ejercieron en la conformación de su situación histórica y cultural.

En segundo lugar, los diferentes niveles de comprensión de la filosofía hacen que ella sea un proceso nunca acabado. Por esa profundización en la comprensión, toda investigación seria y auténtica es como una aventura llena de sorpresas, un verdadero aprender, de modo que uno no sabe bien al principio a dónde le va a llevar, aunque crea haberlo fijado previamente como objetivo: el material se le transforma entre las manos conforma avanza.

En tercer lugar, la comprensión es un proceso ilimitado por la amplitud de referencias históricas y temáticas que se pueden establecer desde un mismo punto de vista y nivel de comprensión, por las implicaciones y desarrollos qe se pueden hacer de una filosofía.

6 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario