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Las divisiones y fracturas de las naciones políticas

Todo ciudadano tiene una “nacionalidad” por el mero hecho de estar vinculado a un ordenamiento jurídico estatal y no a otro. Asimismo, toda persona forma parte de una comunidad cultural específica, con la que comparte características que le son comunes. La Nación política, por el contrario, es una opción subjetiva. Forma parte del sentimiento y voluntad de las personas. No puede hablarse plenamente de Nación si no existe un sentimiento nacional, una conciencia nacional, una voluntad subjetiva de cada uno de los miembros de la comunidad que les identifica con la misma. La Nación política es es ser o no ser del nacionalismo, el eje vertebrador de la sociedad moderna.

Las divisiones o fracturas que pusieron en tela de juicio la uniformidad de la Nación política y la igualdad entre los ciudadanos fueron dos.

La primera fue de carácter externo y está relacionada con los límites territoriales que necesariamente tiene el Estado-nación. Cuando una comunidad nacional decide separarse de un Estado o se resiste a ser conquistada por un Estado, a pesar de inspirarse en los mismos valores ilustrados y liberales, nace una nueva Nación política. Este “nacimiento” puede legitimarse por la identidad cultural o, simplemente, por la voluntad política de separarse.

La segunda fue de carácter interno y se refiere a la división de la Nación política como reflejo de la división social del trabajo y de las clases sociales. La Nación política cuya base material es la economía liberal tiene una homogeneidad ficticia en la medida que está basada en la división social del trabajo y en la estructura de clases que caracterizan el sistema capitalista.

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9 febrero 2010 Posted by | Filosofía Política, Nacionalismo | , | Deja un comentario