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Kant: ¿qué puedo saber?

A la pregunta “¿Qué puedo saber?” Kant dedica la más famosa de sus obras, la Crítica de la razón pura de 1781, cuya segunda edición aparecería en 1787. No hay mayor inconveniente en reducir esa pregunta a esta otra: “¿Qué puedo conocer?”, aun a sabiendas que tal reducción cercena de algún modo la amplitud originaria de la primera pregunta kantiana, dado que dicha reducción asigna el término conocimiento la interpretación de conocimiento científico. En todo caso, Kant trataba de responder a aquella pregunta diseñando lo que se puede llamar la estructura del sujeto cognoscente, en cuanto condiciones de posibilidad de su conocimiento, es decir, un sujeto cuya sensibilidad se halla configurada espacio-temporalmente y cuyo entendimiento funciona ajustándose a principios como el de la causalidad.

Cualquier suceso que nosotros conozcamos se dará en el espacio y en el tiempo y podrá ser concebido como el efecto de una causa, causa que a veces conocemos y a veces no, pero que se supone que conoceríamos si poseyéramos la suficiente información acerca de las circunstancias en que dicho fenómeno se produjo. Ese sujeto idealizado sería el sujeto trascendental, algo así como un Hombre con mayúscula que representa “lo común” a todos los sujetos reales y concretos de conocimiento, u hombres con minúscula, comenzando por la Razón con mayúscula encargada de vertebrar su susodicha estructura cognoscitiva.

Dentro de semenjante paradigma (deuda de la mecánica newtoniana) el conocimiento exhaustivo de las circunstancias en las que se produce un fenómeno dado no sólo habria de permitirnos explicarlo causalmente una vez acontecido, sino asimismo predecirlo antes de que acontezca. Su modelo de ciencia natural es un modelo presidido por el determinismo causal. Ahora bien, semejante simetría entre explicación y predicción está lejos de darse en el terreno de las ciencias sociales.

En ellas, el científico que mejor o peor logra explicar un determinado fenómeno social no se halla, por principio, en situación de predecirlo con la misma seguridad. La asimetría obedece a la sencilla razón de que los actores sociales que pueden contribuir a acelerar el cumplimiento de la predicción, pueden también contribuir a que la predicción no se cumpla, es decir, a frustrar su cumplimiento (self-fulfilling y self-defeating prophecies).

Kant opinaba que cuando la razón, la razón teórica, pretendía ir más allá de lo autorizado por la estructura del sujeto del conocimiento se veía inmersa en dificultades y aprietos insalvables. Dentro del mundo natural rige sin excepción el principio de la causalidad, pero no hay modo de probar que el mundo natural en su conjunto tenga una causa, como tampoco hay modo de probar que la tenga.

El mundo humano es un mundo de “intenciones” y no sólo de “causas”, en todo caso, cuando nosotros describimos las acciones de nuestros semejantes no es del todo ilegítimo que lo hagamos en términos causales, explicándonos causalmente su conducta en virtud de los condicionamientos naturales (carácter o temperamento) y sociales (educación o clase social) que les llevan a comportarse de tal o cual manera. Las atribuciones de tales relaciones de causalidad pudiera resultar en ocasiones discutible, pero lo cierto es que tanto en los dominios de la vida cotidiana como en los de la historiografía se acostumbra a llevarla a cabo con más o menos soltura.

Cuando diga “no pude actuar de otra manera” o “Las circunstancias me obligaron a actuar como lo hice”, es decir, cuando pretenda otorgarme el beneficio de la causalidad, estaría sencillamente dimitiendo de mi condición de persona, capaz de actuar libremente, para pasar a convebirme como una cosa más, simetida por tanto, como el resto de las cosas, a la forzosa ley de la causalidad que falsamente trato de aducir en mi favor. Estaría renunciando a la humana carga de ser dueño de mis actos. Y eso, en rigor, es lo más indigno que un ser humano podría hacer, pues equivale a renunciar a su condición de tal, situándose por debajo de su propia dignidad.

La libertad de la que no podemos exonerarnos en tanto que hombres nos lleva más allá de lo que somos, más allá del reino del ser, para enfrentarnos con el del deber.

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14 febrero 2010 - Posted by | Ética, Kant |

2 comentarios »

  1. Este texto es un extracto del capítulo que Javier Muguerza dedica a Kant en el libro “La aventura de la moralidad” Alianza Editorial (2007)

    Comentario por Kantiana | 11 abril 2010 | Responder

  2. este es una tarea que me dejo el profesor tenemos que buscar las preguntas de emmanuel kant
    1° ¿ que puedo saber ?
    2° ¿ que puedo hacer ?
    3°¿ que debo esperar ?
    4°¿ que es el hombre?
    estas son las cuatros preguntas de emmanuel kant

    Comentario por marianella | 13 marzo 2012 | Responder


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