conFilosofía

el blog de los aprendices de Filosofía

Fundamentos de la tradición liberal: concepción del individuo

Resulta enormemente interesante (re)conocer que buena parte de la forma de organizarnos socialmente provienen de los principios del liberalismo clásico propuesto hace algunos siglos. La concepción que proponen del individuo representa, sin duda, un concepto bastante actual con el que en algunos casos nos podríamos sentir bastante identificados.

El liberalismo se configura como una fuerza crítica, revolucionaria y emancipadora cuya base residía en una nueva concepción del individuo. Bajo tal concepción, el individuo es un ser que tiene una vida independiente, que precede lógicamente a cualquier tipo de grupo o asociación humana y cuya existencia nada debe a ellas. Es también un sujeto racional, capaz de dirigir por sí mismo su propia conducta así como determinar cuáles son sus preferencias, necesidades y fines: es un ser interesado e inquieto; esto es, íntimamente motivado en su comportamiento privado y en sus relaciones sociales y políticas por la voluntad de satisfacer sus deseos e intereses mediante un cálculo racional de beneficios o utilidades.

El individuo liberal es también un propietario, un sujeto que se caracteriza de modo esencial por ser poseedor de su persona y capacidades, así como de los frutos que de su trabajo o actividad se deriven. El individuo se desarrolla a través de la constante acumulación de posesiones en plena competencia con los otros; algo que por lo demás sólo puede realizar de forma ordenada y pacífica a través de establecimiento de un espacio de libertad e iniciativa privada en el que pueda actuar sin interferencias externas o con las mínimas imprescindibles para el disfrute de su libertad y posesiones.

El “propietarismo” se convierte así en elemento básico de la concepción liberal-clásica del inidividuo, pero también en punto de partida  para la defensa de un modelo de sociedad para el cual ésta es un simple ámbito en el que individuos autosuficientes compiten entre sí en plena libertad y con las mínimas interferencias externas posibles. Por paradójico y sorprendente que parezca, este rasgo posesivo es el elemento nuclear de un modelo de conducta individual que deriva finalmente en que los vicios privados son el auténtico fundamento de la prosperidad y la felicidad de la comunidad.

Por otra parte, para el liberalismo clásico, los individuos son libre e iguales, poseedores “por sí mismos” de un derecho natural o humano a la libertad y a la igualdad que la sociedad y el Estado en modo alguno otorgan, pero que están obligados a respetar, proteger y promover. El propio individualismo liberal implica a la vez igualdad y libertad, pues desde el momento en que la sociedad desaparece como valor supremo, se establece el individuo soberano. Cada cual -como afirma Locke– parte de una situación de perfecta libertad y de un “estado de igualdad en el que todo poder y jurisdicción son recíprocos”.

Aunque la tradición liberal tiende a concebir la libertad como una prerrogativa inherente a todo individuo, no por ello ha dejado de tener presente que necesita ciertas restricciones. Los liberales clásicos se mostraron dispuestos a reducir la libertad en aras de otros valores y, por de pronto, en aras de la misma libertad. Para ellos la libertad no consistía en la posibilidad de que cada cual pudeiera hacer lo que quisiera sino más bien en estar libre de la violencia de los otros, en la asusencia de coacción o interferencia por parte de los demás.

Como decía al comienzo, muchos de estos principios se mantienen hoy día, ¿o no?

——

Esta es la tercera entrada de resúmenes  del tema 1, titulado “La tradición liberal” y escrito por Roberto Rodríguez, del libro titulado “Ciudad y ciudadanía. Senderos contemporáneos de la Filosofía Política”, edición de Fernando Quesada y de la editorial Trotta (2008).

Todos los artículos de esta serie son:

22 noviembre 2009 Posted by | Filosofía, Filosofía Política, Liberalismo | , , | 4 comentarios