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Crisis de la tradición liberal y emergencia de nuevas formas de liberalismo

El conjunto de supuestos y principios ideopolíticos que sirven de base para la defensa de un modelo de sociedad liberal  se desarrollan en una sociedad sometida a grandes cambios. Tanto es así que las sociedades a que dan lugar el capitalismo industrial imperante hacia mediados del siglo XIX son ya muy diferentes de aquellas en las que nació el liberalismo hacia mediados del siglo XVII. Los cambios que se producen entre tanto pueden resumirse en los siguientes:

  • Enorme desarrollo de la industria.
  • Fin del capitalismo individual y creación de gigantescas organizaciones económicas.
  • Creciente importancia de las instituciones bancarias.
  • Aparición de grandes sociedades anónimas.
  • Nuevos métodos de organización del trabajo (taylorismo y mecanización).
  • Emergencia de nuevos problemas económicos, sanitarios, educativos y laborales.
  • Creación de diversos sistemas asistenciales y de seguridad social.
  • Desarrollo del capital monopolista.
  • Progresiva ampliación de los sujetos de derechos políticos y el consiguiente acceso de la ciudadanía a la política.
  • Nacimiento de los partidos y sindicatos de masas.
  • Creaciente racionalización, burocratización y oligarquización de la vida económica y política.
  • Aumento de la intensidad y conflictividad de la lucha por el poder y la influencia políticas.

Liberales de muy distinto signo fueron capaces de admitir que si, por una parte, el período de poco más de un siglo que había transcurrido desde las guerras napoleónicas hasta la Primera Guerra Mundial había consitituido la era del liberalismo, por otra, en los años posteriores a esta última el rechazo hacia tal tradición política se había vuelto abiertamente explícito.

Estas consideraciones llevaron a muchos liberales a concluir que el liberalismo, si quería mantenerse como una fuerza viva capaz de transformar sus ideas en realidades, tenía que redifinir su teoría y prácticas políticas, tenía que superar las limitaciones impuestas por la tradición y abrir un camino de transición hacia un nuevo liberalismo que habría que dar continuidad a la tradición y ofrecer una respuesta ideológico-política capaz de orientar el quehacer de ciudadanos y de gobiernos en el nuevo escenario social.

En conclusión, la emergencia de nuevos modos de asumir el liberalismo concluyó en la aparición de un “nuevo liberalismo social” caracterizado por:

  1. El interés en distanciarse de buena parte de los presupuestos, instrumentos y objetivos del liberalismo clásico, dado que para ellos estos ya eran abiertamente inservibles.
  2. Una mayor sensibilidad hacia las enormes desigualdades e injusticias que el desarrollo capitalista había generado.

Por otro lado, también resistió un “nuevo liberalismo clásico o conservador”, dispuesto a rechazar la creciente y expansiva regulación económica y asistencia social del Estado cada vez más aceptada por la propia tradición liberal. Sus propuestas se caracterizaban por el empeño en recuperar el individualismo posesivo y los principios básicos de la sociedad de mercado defendidos por gran parte del liberalismo clásico.

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Esta es la quinta entrada de resúmenes  del tema 1, titulado “La tradición liberal” y escrito por Roberto Rodríguez, del libro titulado “Ciudad y ciudadanía. Senderos contemporáneos de la Filosofía Política”, edición de Fernando Quesada y de la editorial Trotta (2008).

Todos los artículos de esta serie son:

24 noviembre 2009 Posted by | Filosofía, Filosofía Política, Liberalismo | , , | 4 comentarios