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el blog de los aprendices de Filosofía

El lugar de la ética en la filosofía kantiana

Lo verdaderamente decisivo del pensamiento de Kant se encuentra en los problemas que Kant se planteó, más que en las soluciones que propuso para ellos. ¿Cuáles eran esas preguntas? Kant las enumeró más de una vez y estas son:

  • ¿Qué puedo saber?
  • ¿Qué debo hacer?
  • ¿Qué me es dado esperar?
  • ¿Qué es el hombre?

No todas ellas han aquí de interesarnos para conocer el lugar de la ética en la filosofía kantiana y, para este propósito, tendremos que centrarnos en la segunda de ellas especialmente. Pero, dado que esa pregunta presupone en algún modo la primera y se prolonga en cierto sentido en la tercera, aludiremos a ellas a efecto de pergeñar una visión del conjunto de la ética kantiana

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12 febrero 2010 Posted by | Ética, Kant | , | Deja un comentario

Aristóteles: la ética de la felicidad

La ética de la felicidad

La obra aristotélica se compone en su mayor parte de tratados dedicado cada uno de ellos a las distintas ramas en que se irá diversificando, y finalmente dividiendo, la filosofía: Física, Lógica, Ética, Política, Metafísica. Concretamente son tres los libros que hoy recogen el pensamiento ético de Aristóteles, siendo el de Etica a Nicómaco el más canónico y citado. Aristóteles partía de la concepción del hombre como ser social o político: un hombre que se completa en los demás, en la comunidad. Esta cuestión, central en el pensamiento aristotélico, es reivindicada hoy por los críticos del pensamiento individualista liberal.

Pero antes es preciso desarrollar la idea de que el hombre tiene un bien o un fin, idea que es el núcleo de la ética. Ese fin fin o bien que busca el ser humano no es otro que la felicidad. En efecto, la felicidad es aquello hacia lo que todos los seres humanos tienden, por lo que se y no otro debe ser el contenido de la ética: conducir al ser humano a la felicidad.

La virtud y la felicidad

La felicidad es lo que todos los hombres quieren, pero no está allí donde la mayoría suele buscarla: la felicidad no radica en la riqueza ni en los honores ni en el éxito. La felicidad está en la vida virtuosa. ¿Cuál es nuestra función en este mundo? Sólo la respuesta a preguntas como esta nos dan la clave de la virtud y, en consecuencia, de la felicidad. Aristóteles, para contestar al interrogante, repara en los tres géneros de la vida que ya Platón había separado: la vida vegetativa (propia de las plantas), la vida sensitiva (propia de los animales), y la vida racional (propia del animal racional que es el hombre). En una ética como la griega, dirigida a la formación del carácter, lo que busca no es eliminar los deseos, sino más bien encauzarlos hacia ese fin que es la virtud o la felicidad, es decir, tratar de conseguir que los deseos y la sensibilidad de cada uno no obstaculicen ni entorpezcan el camino hacia la vida feliz.

Las ideas no son el punto de partida del conocimiento moral: no sabemos qué es el bien porque conozcamos la definición ideal del bien, como no sabemos qué es la salud a partir de una definición teórica y general de la vida sana. Aprendemos a ser buenas personas, virtuosas, en la práctica, enfrentándonos con situaciones difíciles y procurando elegir bien y tomar la decisión más correcta o la menos equivocada. La virtud es una actividad práctica consistente en saber escoger el término medio, un término medio peculiar en cada caso y para cada persona, que escapa pues a las definiciones generales.

La virtud y el término medio

La vida feliz es una vida “reglada” por la razón y no abandonada al desorden de deseos y pasiones, reglas que tienen que ver con la moderación porque las cosas se destruyen (se “desvirtúan” o dejan de ser ellas mismas) tanto por exceso como por defecto. Aristóteles nos ha ha dejado distintas listas de virtudes. Para entender el significado de la idea de virtud sobre todo conviene fijarnos en las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

Las virtudes aristotélicas se clasifican en dos grandes tipos: virtudes éticas y virtudes dianoéticas. Las virtudes dianoéticas no se adquieren por la costumbre, como ocurre con las virtudes éticas, sino por la enseñanza. La clasificación es consecuencia del rechazo de su autor de una concepción puramente intelectual de la virtud, así como de la convicción de que la vida virtuosa, propia de la existencia humana, no consiste en una actividad exclusivamente racional, sino también sensitiva, que tiene que ver con las emociones y no sólo con la razón. Así, las virtudes éticas se originan mayormente por la costumbre, por los hábitos, y son las que más directamente contribuyen a formar el carácter de la persona. Ser virtuoso no consiste en realizar de vez en cuando un acto virtuoso, sino en serlo durante toda la vida.

La virtud de la prudencia (phrónesis)

La prudencia es una de las virtudes dianoéticas o intelectuales (junto a la sabiduría o la contemplación). El prudente es aquelkairos), hacer lo que conviene en cada caso que sabe juzgar rectamente tomar la decisión justa, aprovechar el momento oportuno (. Dicho de otra forma: el que a fuerza de intentar ser virtuoso acaba siéndolo. Pensar sanamente equivale a pensar “normalmente”, pensar lo correcto o lo que hay que pensar. En este sentido Aristóteles ha sido acusado de conservadurismo y de complacencia con el status quo, un defensor del pensamiento normal, de lo equivaldría a lo hoy llamado “políticamente correcto”. La prudencia constituye la síntesis de todas las virtudes pue consiste en esa regla que manda buscar la medida y el término medio y que se encuentra personificada en el hombre prudente.

“La virtud es un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”. En esta definición se encuentran todos los rasgos que caracterizan a la virtud aristotélica:

  1. “Un modo de ser selectivo” porque la elección del término depende de las situaciones que nunca son inguales (la mejor dieta no es la misma para el atleta que para el que no lo es);
  2. “Término medio relativo a nosotros” porque es a cada uno a quien corresponde determinar dónde está para él y en su caso el término medio;
  3. “Determinado por la razón”, que actúa sobre el deseo y rectifica los excesos o defectos derivados del mismo;
  4. “Y por aquello que decidiría el hombre prudente” como referencia última que nos permite determinar o identificar la conducta virtuosa.

En un libro sobre La prudencia en Aristóteles, el filósofo Pierre Aubenque (1999) explica cómo la ética centrada en la prudencia es una ética consciente de la contingencia y el azar que embargan irremediablemente la existencia humana. A diferencia de los dioses que conocen y dominan el destino y viven en un mundo de necesidad y perfección, los humanos desconocen el orden perfecto y no tienen más remedio que arriesgar elecciones y cargar con sus consecuencias.

3 febrero 2010 Posted by | Ética, Grecia | , , , , , , | 12 comentarios

Los sofistas, Sócrates y Platón: la virtud es conocimiento

Los sofistas y Sócrates

Los sofistas representan la época ilustrada del pensamiento griego. Los sofistas eran mercenarios del saber ya que no se limitan a ser sabios, sino que hacen alarde de su saber puesto que lo enseñan y, además, cobran por su trabajo. Sócrates, por su parte, se escandaliza de la instrumentación que los sofistas hacen de sus enseñanzas. Sócrates, que también es sabio, no convierte su saber en mercancía, sino que hace profesión de su ignorancia: “Sólo sé que no sé nada”. Busca saber, ciertamente, pero no se propone enseñar lo que sabe, sino más bien poner de manifiesto las lagunas que cada cual tiene en su conocimiento.

La mayoría de los diálogos platónicos, los llamados diálogos socráticos, narran disputas entre Sócrates y los sofistas, en las que aquél utiliza el método dialéctico que consiste en descubrir, por la discusión y el diálogo, lo que unos y otros ignoran. A través de la conversación, a través de preguntas y respuestas, los interlocutores dicen buscar la verdad. Y es Sócrates quien siempre tira de afirmaciones de sus oponentes para mostrar la vulnerabilidad de las mismas y que el fundamento en el que se asientan es extremadamente frágil.

En realidad los sofistas ya no buscan la verdad. Aceptan que ni la ética ni la política pueden permitirse juicios que vayan más allá de la doxa, la opinión. Ni la ética ni la política son ciencias, se basan no en verdades sino en opiniones que, como tales, no son demostrables. A lo único que uno puede aspirar es a convencer o persuadir de la utilidad de sustentarlas. Por eso, los sofistas son maestros en retórica, el arte de la persuasión, el que les sirve para conseguir la adhesión a aquellas ideas o leyes que juzgan más convenientes.

Que los sofistas hayan pasado a la historia como los adalides de la argumentación engañosa y falaz es sólo consecuencia de la mala prensa que adquirieron por causa de la condena generalizada que de la sofística y de sus métodos basados en la retórica hace Platón.

La ética socrática

La ética socrática deriva de la máxima: “Conócete a ti mismo”: sólo el que aprende a conocerse sabrá lo que es bueno para él. Si tenemos en cuenta que al referirse a uno mismo, Sócrates no está pensando en el cuerpo sino en el alma. Conocerse significa tratar de buscar el bien del alma por encima del bien del cuerpo, un bien que no diferirá tanto de un individuo a otro, dado que las almas se parecen, en teoría, más unas a otras que los cuerpos.

Con la muerte de Sócrates culmina una forma de vida no sólo de reflexión y debate filosófico, sino testimonial y ejemplar. Sócrates teoriza poco sobre la ética, pero da ejemplo de ella. En los diálogos socráticos, más que decirnos lo que es la virtud, nos dice lo que la virtud no debe ser, refutando siempre y reiterativamente las opiniones de quienes participan en los diálogos.

Platón

Hay dos ideas fundamentales en el pensamiento moral de Platón:

  1. Sólo los verdaderamente filósofos deberían llegar a los cargos públicos. Esta idea la expone de manera brillante en el mito de la caverna: sólo los que se atreven a salir de la caverna y contemplar la realidad a la luz ideal, sólo lo que no se contentan con las sombras de la realidad, que es lo único que ven los que viven encadenados al mundo de las apariencias, sólo ésos son los auténticos amantes del conocimiento. Dicho de otra forma, sólo el sabio es totalmente virtuoso, pues basta conocer el bien para vivir conforme a él. Esta es una visión intelectualista de la vida moral, sin duda falsa, pero central para el idealismo platónico.
  2. El pensamiento moral platónico sigue siendo elitista y aristocrático. Aquí el virtuoso no es el héroe, sino el sabio. Pero no todos los hombres -y mucho menos las mujeres- pueden acceder a la condición de sabios. Al igual que le ocurre al almam que tiene tres partes -vegetativa, sensitiva y racional-, la ciudad está formada por tres estamentos: los obreros, los guardianes y los filósofos. Cada estamento tiene las virtudes que le son propias porque ha de cumplir una función (un télos) distinto en cada caso. A los obreros les corresponde trabajar, a los guardianes defender la ciudad y a los filósofos gobernarla. El fin es tanto el bienestar común como el buen funcionamiento de la ciudad. Por eso es una utopía: un ideal que no está en ningún lugar pero que se concibe como lo mejor.

2 febrero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , , , | 4 comentarios

En busca de la excelencia: la filosofía moral griega

El objetivo del pensamiento de la filosofía moral griega no es otro que la excelencia de las personas, de ahí que se pueda denominar a esta filosofía moral como una ética de las virtudes. “Virtud” es el término con que traducimos al griego areté, que significa la excelencia de una cosa: desempeñar bien el propio fin, la función de cada cosa. Todo tiene su fin, su télos, de tal forma que alcanzarlo era conseguir la virtud, la excelencia. Así, la ética debía ocuparse del télos, de la función o areté del ser humano.

A ese fin al que tiende cada cosa y, por extensión, al fin del ser humano los griegos le llaman agathós, el “bien”. Ser virtuoso, aplicado a los humanos es lo mismo que ser bueno, ser una buena persona. Y puesto que la virtud e la excelencia, alcanzar y tener areté consistiría en ser aristos, el mejor. El conjunto de todos estos conceptos, que calificaban la vida de los griegos, nos habla de una sociedad competitiva y meritocrática, donde se recompensa y se reconoce al que sobresale y se destaca en el empeño de ser bueno, virtuoso, el mejor.

Ética proviene de êthos que, a su vez, significa manera de ser, carácter. Buscar la dimensión ética de la existencia implicaba esforzarse por forjar una manera de ser virtuosa, de acuerdo con ese bien último que debía buscar y alcanzar la existencia humana. Así planteada, la ética supone dos cosas:

  1. Que la naturaleza o la vida humana tiene un bien o un fin determinado que hay que realizar.
  2. Que esa realización depende del ser humano.

Nadie nace siendo virtuoso, sino que la virtud puede y debe adquirirse. En eso, en intentar adquirir la virtud, consiste la formación del carácter o la formación moral de la persona. Más que entender la ética como un cómputo de deberes o de normas, los griegos la entienden como la adquisición por parte de cada uno de una segunda naturaleza o de una serie de virtudes, de una manera de ser que los hace virtuosos o buenas personas. La ética estaba estrechamente vinculada a la educación, a la adquisición de hábitos y costumbres que son los que van formando el carácter.

En la época griega, la guerra es el espacio natural del hombre, de ahí que la mejor forma de existir en tal espacio sea la del combatiente. Aún Platón reconocía que el lugar natural del hombre es la guerra, pues no sólo “todos los hombres son, pública o provadamente, enemigos de todos los demás”, sino que “cada uno es también enemigo de sí mismo”.

El bien, en tal caso, consiste en “poseer todas las cualidades valoradas en la sociedad griega: coraje bélico y habilidad en la guerra, así como éxito en la misma”. En una sociedad de tales características, no todos los hombres pueden llegar a ser virtuosos: sólo llegará a serlo el héroe que, para empezar, tiene que ser noble. Es una concepción aristocrática y material del comportamiento excelente, pues sólo es bueno o virtuoso aquel que tiene el privilegio de poder serlo y que, por lo tanto, será reconocido públicamente como tal. La vida interior, espiritual, cuenta poco o nada, si falta esa dimensión pública de la virtud.

Por todo ello, el héroe necesita al poeta que divulgará sus actos y sus triunfos, que lo hará famoso. Estamos, asimismo, ante una “cultura de la vergüenza” en la que el aprecio de la sociedad es fundamental como indicador del valor moral de la persona. No ha llegado aún la “cultura de la culpa“, más propia de un pensamiento cristiano o de una filosofía de la conciencia que valora y se arrepiente de sus actos.

18 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , | Deja un comentario

Moral-inmoral: moral como contenido

Moralidad y eticidad

El ser humano no sólo trata de “ajustarse” a la realidad de cualquier forma, sino de hacerlo con justeza, de la manera preferible o mejor, debida o buena, que es a lo que se denomina “moral como contenido” (según Zubiri y Aranguren). Los contenidos de la moralidad suene venir ofrecidos sociohistóricamente por las religiones, las visiones de sentido y las normas de convivencia, es decir, por los códigos culturales. Esa normatividad la encarnan las instituciones y queda recogida en el francés moeurs o en el alemán Sitten. La Sittlichkeit (la eticidad) viene constituida, para Hegel, por las valoraciones sedimentadas en las instituciones sociales que superan lo que él consideraba la “mera moral”.

Bueno en sentido instrumental y en sentido moral

El término bueno no siempre se usa en sentido moral. En ciertas ocasiones tiene un significado puramente instrumental, en cuanto adecuado a su fin, como cuando decimos que un cuchillo es “bueno”, en la medida en que corta precisa y afiladamente, sin darle a la expresión connotación moral alguna. “Deseable”, por su parte, puede referirse tanto a lo que debe ser el objeto de deseo cuanto a lo que de hecho es deseado por alguien.

Kant, en la Crítica de la razón práctica (1788), quiso desbaratar el equívoco y la ambigüedad de las expresiones “bonum” y “malum”, susceptibles de un doble sentido, sirviéndose de las posibilidades brindadas por el alemán:

  • Acepción moral: “das Gute” (lo bueno) para bonum y “das Böse” (lo malo) para malum.
  • Acepciones instrumentales: “das Wohl” (lo provechoso”) para referirse a bonum y “das Übel” (lo perjudicial) o “das Weh” (lo dañino) para referirse a malum.

El provecho o el perjuicio siempre significan tan sólo una relación con nuestro estado de agrado o desagrado, de deleite y dolor, y cuando deseamos o aborrecemos por ello un objeto, tal cosa tiene lugar únicamente por cuanto dicho objeto queda relacionado con nuestra sensibilidad, asó como con el sentimiento de placer y displacer que produce.

“Felicidad es la satisfacción de todas nuestras inclinaciones, tanto extensive, atendiendo a su variedad, como intensive, respecto de su grado, como también protensive, en relación con su duración. La ley práctica derivada del motivo de la felicidad la llamo pragmática (regla de prudencia). En cambio, la ley, si es que existe, que no posee otro motivo que la dignidad de ser feliz la llamo ley moral (ley ética) (Kant, 1978)”

Ética material y ética formal

La moral como contenido no es necesariamente lo que se ha dado en llamar una etica material, sino que puede venir constituida por una ética formal. La ética material prescribe a través de códigos morales y de modo bastante concreto lo que se debe hacer, regulando con detalle el contenido de nuestro comportamiento. La ética formal no establece qué hemos de hacer en concreto, sino tan sólo cómo hemos de obrar para que nuestro comportamiento sea efectivamente moral. En este caso, la moral como contenido se hace aquí puramente formal, es decir, vacía de contenido.

15 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Moral-desmoralizado

Cuando decimos de alguien que se encuentra desmoralizado o que está bajo de moral no se pretende decir que se comporta de mala manera. La vida moral no sólo consiste en obrar bien, sino asimismo en mantener, en medio de las dificultades que la vida acarrea, el suficiente ánimo para afrontarla. La tristeza (tristitia) y el abatimiento eran considerados por los teólogos medievales como el pecado radical y la alegría, para autores como Nietzsche o Spinoza, como una de las formas más altas de virtud. El sentido que adquiere “moral” cuando se contrapone a “desmoralizado” viene a ser el de “fuerza para vivir”, ánimo, coraje, que luego habrán de emplearse en el bien o en el mal, pero sin los cuales ni uno ni otro pueden realizarse.

En la época moderna y contemporánea se acepta sin escándalo que la virtud pueda ser el comportamiento impotente y derrotado. No era así entre los clásicos: virtud proviene etimológicamente de vir, arrojo viril, y todavía en el Renacimiento virtú tiene que ver más con el denuedo y la intrepidez que saben hacerse con el triunfo que con la disposición de respetar determinados preceptos de moderación. El virtuoso es el triunfador, el más eficaz.

Como resumen y para terminar, las palabras de Ortega: “Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida, y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino”.

14 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 6 comentarios

Moral-amoral

Un sujeto amoral no es aquél que elige lo malo frente a lo bueno, sino que el que no se hace cuestión de la alternativa del bien y del mal y pretende situarse “más allá” o “más acá” de la misma.

Encontrarse más acá de la alternativa del bien y el mal es situarse en el estadio estético que propone Kierkegaard, es decir, aquel que realiza sus elecciones desde una cierta indiferencia. Se elige ahora esto, luego lo otro, sin que en ninguna de esas elecciones el hombre comprometa su existencia. La diferencia radical entre el hombre del estadio estético y el del estadio ético no es que uno elija el mal y el otro el bien, sino que el primero no quiere hacerse cargo de la cuestión mientras que el segundo la tiene en cuenta. Quien sólo elige estéticamente se coloca a merced del capricho, dejándose elegir por los variables impulsos o dejándose hacer por el tiempo, los otros, la sociedad. Es un indiferente que hace dejación de su responsabilidad y, al negarse a realizar su frágil y arriesgada -pero tal vez hermosa- libertad, se abandona a la cosificación. Como dice Fernando Savater, “el indiferente es cosa entre las cosas: sabe que de las cosas no puede esperarse nada, porque todas dan lo mismo, y él no se siente llamado a introducir apasionadamente en ellas las debidas distinciones”.

Encontrarse más allá de la alternativa pretendió situarse Nietzsche. En vez de una moral reactiva a los criterios por otros impuestos, que no pretende originariamente nada y es propia de espíritus sometidos, él propone la moral de alguien “rudo, poderoso, plantado en sí mismo, que quiere ser señor”. Frente a la moral del rebaño, la figura del superhombre; frente a las normas universales, el propio querer. Su “más allá del bien y del mal” no pretende sino establecer otro “bien” y otro “mal”, una nueva jerarquía de valores.

El fenómeno de la amoralidad hay quien la entiende más como un problema psicopatológico que ético, si es que no como un concepto límite, que remite a un conjunto vacío, en el que los casos aislados de auténtica privación del sentido del bien y del mal vendrían a ser la excepción que confirma la regla, sin forzar una nueva categorización.

13 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Ética y moral: aproximación semántica

Ética deriva de las palabras griegas êthos y éthos:

  • Êthos: posee dos sentidos fundamentales: el sentido más antiguo aludía a la “residencia”, a la “morada”, al “lugar donde se habita”. Así lo señaló Heidegger en su Carta sobre el humanismo. El significado fue evolucionando hasta llegar a designar el lugar (metafórico, interior) desde el que se vive, es decir, la disposiciones fundamentales del hombre en la vida, su carácter.
  • Platón y Aristóteles derivaron êthos de éthos (el carácter de la costumbre) y acercaron el sentido de éthos al de héxis (hábito que se adquiere a través de la repetición). El carácter sería entonces como una “segunda naturaleza” -fuente de nuestros actos y a la vez resultado de ellos-, frente al mero talante o temperamento (significado originario de héxis), con el que hemos de forjar nuestra personalidad moral.

Ambos términos, êthos y éthos, fueron traducidos al latín de la palabra mos, de la que provendría “moral”. En la traducción prevaleció el sentido de costumbre o hábito en detrimento de las otras acepciones, con lo que la reflexión ética se fue deslizando desde el plano del carácter moral al de su desgajamiento en hábitos y, progresivamente, hacia una atomización de la vida moral, que acabaría centrándose en los actos -buenos o malos- tomados aisladamente.

Así, entre los actos, los hábitos y el carácter se establece una especia de círculo: nuestros habitos y actos dependen de nuestro carácter, pero el carácter se forja a través de sucesivas elecciones y decisiones. Y el modo de ser es el resultado de nuestra disposición o talante, elaborado por el carácter que, a través del comportamiento, vamos conformando. Pero el centro de gravedad está en la vida en su conjunto, más que en los actos aislados los cuales, en realidad, sólo cobran relieve e importancia en cuanto se supone que en ellos se expresa la vida moral.

Otra de las difusas fronteras semánticas se encuentra en el filósofo moral (cuya labor es principalmente teórica, aunque referida a la práctica) y el moralista (cuya labor es ante todo la de reformar y alentar la práctica moral de los humanos). Aunque el filósofo moral reflexiona sobre la vida práctica, no por ello tiene forzosamente que jugar el papel de moralista, sino que puede limitarse a una reflexión teórica general sobre el fenómeno de la moralidad.

Y es que la moral hace directa referencia al comportamiento humano y a su calificación en cuanto bueno o malo, haciéndose cargo del mismo los diversos códigos o principios que tratan de regular las acciones de los hombres. Así, podríamos hablar de moral o códigos cristianos, budistas, marxistas, etc. Ética, por su parte, es aquella rama de la filosofía que piensa la vida moral, sin proponerse prescribir o aconsejar, como lo hacen los referidos códigos y principios morales, sino más bien reflexionando sobre ellos, para intentar ver cómo funcionan y dar razón de los mismos.

Resumiendo:

  • “ética” y “moral”, escritas en minúsculas y como sinónimos, se refieren a la moral vivida.
  • “Ética” y “Moral”, escritas en mayúsculas, se refieren a la reflexión filosófica sobre la moralidad, sobre las diversas formas de la moral vivida.

12 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 1 comentario