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el blog de los aprendices de Filosofía

Aristóteles: la ética de la felicidad

La ética de la felicidad

La obra aristotélica se compone en su mayor parte de tratados dedicado cada uno de ellos a las distintas ramas en que se irá diversificando, y finalmente dividiendo, la filosofía: Física, Lógica, Ética, Política, Metafísica. Concretamente son tres los libros que hoy recogen el pensamiento ético de Aristóteles, siendo el de Etica a Nicómaco el más canónico y citado. Aristóteles partía de la concepción del hombre como ser social o político: un hombre que se completa en los demás, en la comunidad. Esta cuestión, central en el pensamiento aristotélico, es reivindicada hoy por los críticos del pensamiento individualista liberal.

Pero antes es preciso desarrollar la idea de que el hombre tiene un bien o un fin, idea que es el núcleo de la ética. Ese fin fin o bien que busca el ser humano no es otro que la felicidad. En efecto, la felicidad es aquello hacia lo que todos los seres humanos tienden, por lo que se y no otro debe ser el contenido de la ética: conducir al ser humano a la felicidad.

La virtud y la felicidad

La felicidad es lo que todos los hombres quieren, pero no está allí donde la mayoría suele buscarla: la felicidad no radica en la riqueza ni en los honores ni en el éxito. La felicidad está en la vida virtuosa. ¿Cuál es nuestra función en este mundo? Sólo la respuesta a preguntas como esta nos dan la clave de la virtud y, en consecuencia, de la felicidad. Aristóteles, para contestar al interrogante, repara en los tres géneros de la vida que ya Platón había separado: la vida vegetativa (propia de las plantas), la vida sensitiva (propia de los animales), y la vida racional (propia del animal racional que es el hombre). En una ética como la griega, dirigida a la formación del carácter, lo que busca no es eliminar los deseos, sino más bien encauzarlos hacia ese fin que es la virtud o la felicidad, es decir, tratar de conseguir que los deseos y la sensibilidad de cada uno no obstaculicen ni entorpezcan el camino hacia la vida feliz.

Las ideas no son el punto de partida del conocimiento moral: no sabemos qué es el bien porque conozcamos la definición ideal del bien, como no sabemos qué es la salud a partir de una definición teórica y general de la vida sana. Aprendemos a ser buenas personas, virtuosas, en la práctica, enfrentándonos con situaciones difíciles y procurando elegir bien y tomar la decisión más correcta o la menos equivocada. La virtud es una actividad práctica consistente en saber escoger el término medio, un término medio peculiar en cada caso y para cada persona, que escapa pues a las definiciones generales.

La virtud y el término medio

La vida feliz es una vida “reglada” por la razón y no abandonada al desorden de deseos y pasiones, reglas que tienen que ver con la moderación porque las cosas se destruyen (se “desvirtúan” o dejan de ser ellas mismas) tanto por exceso como por defecto. Aristóteles nos ha ha dejado distintas listas de virtudes. Para entender el significado de la idea de virtud sobre todo conviene fijarnos en las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

Las virtudes aristotélicas se clasifican en dos grandes tipos: virtudes éticas y virtudes dianoéticas. Las virtudes dianoéticas no se adquieren por la costumbre, como ocurre con las virtudes éticas, sino por la enseñanza. La clasificación es consecuencia del rechazo de su autor de una concepción puramente intelectual de la virtud, así como de la convicción de que la vida virtuosa, propia de la existencia humana, no consiste en una actividad exclusivamente racional, sino también sensitiva, que tiene que ver con las emociones y no sólo con la razón. Así, las virtudes éticas se originan mayormente por la costumbre, por los hábitos, y son las que más directamente contribuyen a formar el carácter de la persona. Ser virtuoso no consiste en realizar de vez en cuando un acto virtuoso, sino en serlo durante toda la vida.

La virtud de la prudencia (phrónesis)

La prudencia es una de las virtudes dianoéticas o intelectuales (junto a la sabiduría o la contemplación). El prudente es aquelkairos), hacer lo que conviene en cada caso que sabe juzgar rectamente tomar la decisión justa, aprovechar el momento oportuno (. Dicho de otra forma: el que a fuerza de intentar ser virtuoso acaba siéndolo. Pensar sanamente equivale a pensar “normalmente”, pensar lo correcto o lo que hay que pensar. En este sentido Aristóteles ha sido acusado de conservadurismo y de complacencia con el status quo, un defensor del pensamiento normal, de lo equivaldría a lo hoy llamado “políticamente correcto”. La prudencia constituye la síntesis de todas las virtudes pue consiste en esa regla que manda buscar la medida y el término medio y que se encuentra personificada en el hombre prudente.

“La virtud es un modo de ser selectivo, siendo un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente”. En esta definición se encuentran todos los rasgos que caracterizan a la virtud aristotélica:

  1. “Un modo de ser selectivo” porque la elección del término depende de las situaciones que nunca son inguales (la mejor dieta no es la misma para el atleta que para el que no lo es);
  2. “Término medio relativo a nosotros” porque es a cada uno a quien corresponde determinar dónde está para él y en su caso el término medio;
  3. “Determinado por la razón”, que actúa sobre el deseo y rectifica los excesos o defectos derivados del mismo;
  4. “Y por aquello que decidiría el hombre prudente” como referencia última que nos permite determinar o identificar la conducta virtuosa.

En un libro sobre La prudencia en Aristóteles, el filósofo Pierre Aubenque (1999) explica cómo la ética centrada en la prudencia es una ética consciente de la contingencia y el azar que embargan irremediablemente la existencia humana. A diferencia de los dioses que conocen y dominan el destino y viven en un mundo de necesidad y perfección, los humanos desconocen el orden perfecto y no tienen más remedio que arriesgar elecciones y cargar con sus consecuencias.

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3 febrero 2010 Posted by | Ética, Grecia | , , , , , , | 12 comentarios

Los sofistas, Sócrates y Platón: la virtud es conocimiento

Los sofistas y Sócrates

Los sofistas representan la época ilustrada del pensamiento griego. Los sofistas eran mercenarios del saber ya que no se limitan a ser sabios, sino que hacen alarde de su saber puesto que lo enseñan y, además, cobran por su trabajo. Sócrates, por su parte, se escandaliza de la instrumentación que los sofistas hacen de sus enseñanzas. Sócrates, que también es sabio, no convierte su saber en mercancía, sino que hace profesión de su ignorancia: “Sólo sé que no sé nada”. Busca saber, ciertamente, pero no se propone enseñar lo que sabe, sino más bien poner de manifiesto las lagunas que cada cual tiene en su conocimiento.

La mayoría de los diálogos platónicos, los llamados diálogos socráticos, narran disputas entre Sócrates y los sofistas, en las que aquél utiliza el método dialéctico que consiste en descubrir, por la discusión y el diálogo, lo que unos y otros ignoran. A través de la conversación, a través de preguntas y respuestas, los interlocutores dicen buscar la verdad. Y es Sócrates quien siempre tira de afirmaciones de sus oponentes para mostrar la vulnerabilidad de las mismas y que el fundamento en el que se asientan es extremadamente frágil.

En realidad los sofistas ya no buscan la verdad. Aceptan que ni la ética ni la política pueden permitirse juicios que vayan más allá de la doxa, la opinión. Ni la ética ni la política son ciencias, se basan no en verdades sino en opiniones que, como tales, no son demostrables. A lo único que uno puede aspirar es a convencer o persuadir de la utilidad de sustentarlas. Por eso, los sofistas son maestros en retórica, el arte de la persuasión, el que les sirve para conseguir la adhesión a aquellas ideas o leyes que juzgan más convenientes.

Que los sofistas hayan pasado a la historia como los adalides de la argumentación engañosa y falaz es sólo consecuencia de la mala prensa que adquirieron por causa de la condena generalizada que de la sofística y de sus métodos basados en la retórica hace Platón.

La ética socrática

La ética socrática deriva de la máxima: “Conócete a ti mismo”: sólo el que aprende a conocerse sabrá lo que es bueno para él. Si tenemos en cuenta que al referirse a uno mismo, Sócrates no está pensando en el cuerpo sino en el alma. Conocerse significa tratar de buscar el bien del alma por encima del bien del cuerpo, un bien que no diferirá tanto de un individuo a otro, dado que las almas se parecen, en teoría, más unas a otras que los cuerpos.

Con la muerte de Sócrates culmina una forma de vida no sólo de reflexión y debate filosófico, sino testimonial y ejemplar. Sócrates teoriza poco sobre la ética, pero da ejemplo de ella. En los diálogos socráticos, más que decirnos lo que es la virtud, nos dice lo que la virtud no debe ser, refutando siempre y reiterativamente las opiniones de quienes participan en los diálogos.

Platón

Hay dos ideas fundamentales en el pensamiento moral de Platón:

  1. Sólo los verdaderamente filósofos deberían llegar a los cargos públicos. Esta idea la expone de manera brillante en el mito de la caverna: sólo los que se atreven a salir de la caverna y contemplar la realidad a la luz ideal, sólo lo que no se contentan con las sombras de la realidad, que es lo único que ven los que viven encadenados al mundo de las apariencias, sólo ésos son los auténticos amantes del conocimiento. Dicho de otra forma, sólo el sabio es totalmente virtuoso, pues basta conocer el bien para vivir conforme a él. Esta es una visión intelectualista de la vida moral, sin duda falsa, pero central para el idealismo platónico.
  2. El pensamiento moral platónico sigue siendo elitista y aristocrático. Aquí el virtuoso no es el héroe, sino el sabio. Pero no todos los hombres -y mucho menos las mujeres- pueden acceder a la condición de sabios. Al igual que le ocurre al almam que tiene tres partes -vegetativa, sensitiva y racional-, la ciudad está formada por tres estamentos: los obreros, los guardianes y los filósofos. Cada estamento tiene las virtudes que le son propias porque ha de cumplir una función (un télos) distinto en cada caso. A los obreros les corresponde trabajar, a los guardianes defender la ciudad y a los filósofos gobernarla. El fin es tanto el bienestar común como el buen funcionamiento de la ciudad. Por eso es una utopía: un ideal que no está en ningún lugar pero que se concibe como lo mejor.

2 febrero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , , , | 4 comentarios

En busca de la excelencia: la filosofía moral griega

El objetivo del pensamiento de la filosofía moral griega no es otro que la excelencia de las personas, de ahí que se pueda denominar a esta filosofía moral como una ética de las virtudes. “Virtud” es el término con que traducimos al griego areté, que significa la excelencia de una cosa: desempeñar bien el propio fin, la función de cada cosa. Todo tiene su fin, su télos, de tal forma que alcanzarlo era conseguir la virtud, la excelencia. Así, la ética debía ocuparse del télos, de la función o areté del ser humano.

A ese fin al que tiende cada cosa y, por extensión, al fin del ser humano los griegos le llaman agathós, el “bien”. Ser virtuoso, aplicado a los humanos es lo mismo que ser bueno, ser una buena persona. Y puesto que la virtud e la excelencia, alcanzar y tener areté consistiría en ser aristos, el mejor. El conjunto de todos estos conceptos, que calificaban la vida de los griegos, nos habla de una sociedad competitiva y meritocrática, donde se recompensa y se reconoce al que sobresale y se destaca en el empeño de ser bueno, virtuoso, el mejor.

Ética proviene de êthos que, a su vez, significa manera de ser, carácter. Buscar la dimensión ética de la existencia implicaba esforzarse por forjar una manera de ser virtuosa, de acuerdo con ese bien último que debía buscar y alcanzar la existencia humana. Así planteada, la ética supone dos cosas:

  1. Que la naturaleza o la vida humana tiene un bien o un fin determinado que hay que realizar.
  2. Que esa realización depende del ser humano.

Nadie nace siendo virtuoso, sino que la virtud puede y debe adquirirse. En eso, en intentar adquirir la virtud, consiste la formación del carácter o la formación moral de la persona. Más que entender la ética como un cómputo de deberes o de normas, los griegos la entienden como la adquisición por parte de cada uno de una segunda naturaleza o de una serie de virtudes, de una manera de ser que los hace virtuosos o buenas personas. La ética estaba estrechamente vinculada a la educación, a la adquisición de hábitos y costumbres que son los que van formando el carácter.

En la época griega, la guerra es el espacio natural del hombre, de ahí que la mejor forma de existir en tal espacio sea la del combatiente. Aún Platón reconocía que el lugar natural del hombre es la guerra, pues no sólo “todos los hombres son, pública o provadamente, enemigos de todos los demás”, sino que “cada uno es también enemigo de sí mismo”.

El bien, en tal caso, consiste en “poseer todas las cualidades valoradas en la sociedad griega: coraje bélico y habilidad en la guerra, así como éxito en la misma”. En una sociedad de tales características, no todos los hombres pueden llegar a ser virtuosos: sólo llegará a serlo el héroe que, para empezar, tiene que ser noble. Es una concepción aristocrática y material del comportamiento excelente, pues sólo es bueno o virtuoso aquel que tiene el privilegio de poder serlo y que, por lo tanto, será reconocido públicamente como tal. La vida interior, espiritual, cuenta poco o nada, si falta esa dimensión pública de la virtud.

Por todo ello, el héroe necesita al poeta que divulgará sus actos y sus triunfos, que lo hará famoso. Estamos, asimismo, ante una “cultura de la vergüenza” en la que el aprecio de la sociedad es fundamental como indicador del valor moral de la persona. No ha llegado aún la “cultura de la culpa“, más propia de un pensamiento cristiano o de una filosofía de la conciencia que valora y se arrepiente de sus actos.

18 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , | Deja un comentario