conFilosofía

el blog de los aprendices de Filosofía

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: las deficiencias de todo lenguaje

Leer un libro es una tarea utópica, comienza dicendo Ortega en su inacabado Comentario al “Banquete” de Platón. Llama utópica a toda acción cuya intención inicial no puede ser cumplida en el desarrollo de su ejercicio y tiene que contentarse con aproximaciones esencialmente contradictorias del propósito que le había incoado. “Leer” comienza por significar el proyecto de entender plenamente un texto, pero siempre quedará un residuo “ilegible”. Para Ortega, (1) todo decir es deficiente en tanto que se dice menos de lo que se quiere y (2) todo decir es exuberante en tanto se da a entender más de lo que se propone.

1. Lo presupuesto.

Para decir algo tenemos que callar sobre el resto, seleccionar; no se puede decir todo a la vez, y ni siquiera se puede decir todo. Lo presupuesto es lo no dicho, lo no dicho por cuanto se supone que el otro lo sabe, se da por sobreentendido. A esta categoría Ortega la llama “lo inefado”. La palabra adquiere sentido desde el silencio. Ese silencio no sólo es lo inefado, lo voluntariamente dejado en silencio para resaltar lo que interesaba, sino también lo que el filósofo madriñeño denomina “lo inefable”: la imposibilidad que tiene el lenguaje de captar con todo detalle la infinita riqueza de lo rea, de la experiencia directa, sólo comprensible desde otra experiencia que, por tanto, nosotros habremos de tener o realizar. Hay, además, otra tercera categoría de lo no dicho en cuanto presupuesto: es lo no dicho por no estar pensado en el sentido de no haber sido tematizado, objeto de una reflexión que los sacara a la luz.

2. Lo sugerido.

Lo sugerido por la lectura de un texto es aquello que, reflexionando sobre él, yo puedo coherentemente sacara como consecuencia de lo dicho o poner en relación con él.

3. Lo medio alumbrado.

Se trata de lo pensado y dicho por el filósofo pero no con toda claridad precisamente a causa de su novedad, o sea, porque, abriendo caminos nuevos, él se halla aún también con un pie en el anterior.

——–

Estos dos últimos aspectos, lo sugerido o sugerible y lo medio alumbrado, no son tanto deficiencias del lenguaje, sino de la finitud del pensar humano en general

——–

Lo presupuesto (lo presupuesto inefable, lo presupuesto sabido o inefado y lo no temáticamente presupuesto), lo sugerido y lo medio alumbrado, más la ausencia o enajenación en la escriturra del contexto y del propio autor, a lo que se ha de añadir nuestra propia deficiencia o ignorancia inicial como lectores del filósofo, y por último la dilucidación que hemos de hacer de nuestro propio pensamiento en relación con la misma cosa, todo esto muestra hasta qué punto escuchar verdaderamente y con profundidad requiere una actividad por parte del lector, un estudio y un pensar por sí mismo.

Anuncios

11 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la especificidad de la escritura

El pensamiento de los filósofos nos viene normalmente a través de la escritura, lo que conlleva unos problemas específicos. La escritura conserva la palabra al precio de arrancarla de su situación concreta y viva; esto nos obliga a contextualizarla de nuevo mediante el estudio.

Según Platón, la escritura producirá olvido al confirarse en ella los hombres, descuidando así la memoria. Y lo que es más grave, producirá una apariencia de sabiduría, pues a los lectores les vendrá el conocimiento desde fuera, y no lo engendrarán desde dentro, es decir, no lo reconstruirán desde sí mismos, de modo que “habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas [esoto es, sin didáctica, sin pedagogía viva], parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes y difíciles de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad”.

Las palabras escritas sólo pueden servir de recordatorio para el que ya sabe, pero no para engendrar sabiduría. Ante esta situación se han de tener en cuenta cuatro aspectos.

1. Nosotros como lectores hemos de suplir la ausencia del autor (de la viveza, de su palabra, de su gesto) y de su contexto, a fin de hacer posible el diálogo, dar vida a la escritura y restaurar su sentido. Esto requiere un buen y fiel conocimiento textual de su obra. Se precisa una larga estancia con los escritos del filósofo para captar su experiencia, su esfuerzo, su mundo, y un ir y venir de texto a texto, de mode que se complementen los unos a los otros y se iluminen por nuestra capacidad de reconstruir el sistema desde el sentido de la totalidad, donde cada parte adquiera su significado.

2. Se requiere una actitud positiva y copensante. Tanto o más importante que el estudio es la actitud misma que lo dirige. Por positiva se entiende una actitud que en principio está a favor del filósofo. Por copensante se entiende la actitud del lector que, como un amigo dialogante, se pone a reflexionar sobre aquello mismo que el autor intenta pensar y llevar al lenguaje, a fin de ayudarle, en realidad de ayudarse mutuamente, en tan difícil empresa. Se podrían esquematizar cuatro tipos de actitudes.

  • Actitud negativa, agresiva, que sólo tiende a derrumbar al autor. El lector está “enfadado” por principio y por prejuicios no aclarados, o por un modo diferente de sentir o de expresarse.
  • Actitud de entusiasmo y fascinación, sólo capaz de ver luces y aciertos.

Estas dos actitudes son caras de una misma modena: no establecen una suficiente distancia crítica respecto del texto de modo que no le dejan ser lo que es, no establecer la distancia necesaria para el diálogo, no reconocen la alteridad del otro, le proyectan como una necesidad propia, y en esta confusión no son capaces de reconocer la realidad, ni la del otro, nila de sí mismo.

  • Actitud descriptiva y fría, que intenta alejarse del defecto de las dos anteriores, pero en la dirección inadecuada. A fin de no estar pegado al filósofo ni dfesfigurarlo por el enfado o el entusiasmo, procira mantener una interpretación distante mediante una objetividad neutra y fría. Para ello hace una abstracción de su pensamiento propio y permanece en el nivel de la descripción.
  • Actitud que procura mantener la difícil distancia “justa”, la que está determinada por la tensión entre nuestra actitud positiva frente a la persona (actitud que nos acerca a ella), y nuestro interés por la realidad y la verdad, la cual mantenemos en virtud de una actitud (co)pensante, y que nos aleja o puede alejar críticamente del filósodo estudiado.

3. La labor interpretadora: hemos de tener en cuenta que no nos encontramos solos, sino que nos insertamos en una tradición interpretativa. Ella nos ha transmitido los textos y nos lo presenta ya con una interpretación, sin la cual, no habría comprensión alguna y tampoco transmisión. En nuestr cultura abierta y plural no podemos hablar ya de una sola interpretación transmitida. Esa pluralidad favorece nuestra libertad obligándonos a decidir y, para ello, a pensar por nosotros mismo. Con ello el diálogo se convierte ahora en un multiloquio, una polifonía de voces y decires.

Pero en este riqueza podríamos asimismo perdernos, aplastados en primer lugar por su magnitud, metidos en el laberinto de bibliografías y bibliotecas interminables. Para esto, recordemos lo dicho sobre la concreción del tema a la medida de nuestras fuerzas, y la preferencia que ha de tener la calidad sobre la cantidad, la formación sobre la información.

Cabe también la posibilidad, en segundo lugar, de quedarnos sin voz propia, enmudecidos ante el tempor de hablar sobre cualquier tema junto a personas tan autorizadas, preguntándonos qué de nuevo podremos decir nosotros. Aquí hay que recordar nuestra constitutiva originariedad, de modo que sólo seremos si nos atrevemos a pensar también nosotros.

4. La escritura no sólo tiene defectos, también aporta inmensas posibilidades culturales que sin ella no se darían. La escritura también nos posibilita potenciar nuestra capacidad de reflexión: al ir escribiendo su trabajo, irá tomando mayor conciencia de su propia investigación, de sus conexiones y deficiencias, y le irán surgiendo nuevas ideas y preguntas.

8 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , , | 2 comentarios

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la tarea ilimitada

En el quehacer filosófico intentamos comprender lo abierto, lo libre, lo originario, pero lo hacemos desde una concreción limitada, con un lenguaje y unos términos concretos, con unas formulaciones y no otras, con una determinada articulación, etc. El asunto filosófico es, en última instancia, lo originario, lo ilimitado, lo libre, lo que desborda toda concreción y finitud como fuente de posibilidad y fuerza continuamente creadora de formas y de sentido. De ahí que el proceso de comprensión sea limitado, siempre en proceso, y consecuentemente también la comprensión de un gran texto de filosofía, que por eso es grande.

Esto es así, en primer lugar por la necesaria concreción de la comprensión. Así como lo limitado y creativo, lo originario, se renueva y se concreta en diversas formas y maneras, no quedándose encerrado en ninguna de ellas, así también el texto filosófico, que sin embargo tiende a pensarlo desde su concreción, requiere ser desbordado incluso para ser comprendido. No nos podemos quedar en su mera literalidad repetida, cosificada, sino que hemos de intentar comprender aquello hacia donde tiende todo ese esfuerzo conceptual, de dónde viene y hacia dónde va. El pensamiento ha de ser comprendido como un diálogo a la vez horizontal con su tiempo y vertical con los que le precedieron en el pensar y le influenciaron, directamente a través de la lectura, o indirectamente por la influencia que ejercieron en la conformación de su situación histórica y cultural.

En segundo lugar, los diferentes niveles de comprensión de la filosofía hacen que ella sea un proceso nunca acabado. Por esa profundización en la comprensión, toda investigación seria y auténtica es como una aventura llena de sorpresas, un verdadero aprender, de modo que uno no sabe bien al principio a dónde le va a llevar, aunque crea haberlo fijado previamente como objetivo: el material se le transforma entre las manos conforma avanza.

En tercer lugar, la comprensión es un proceso ilimitado por la amplitud de referencias históricas y temáticas que se pueden establecer desde un mismo punto de vista y nivel de comprensión, por las implicaciones y desarrollos qe se pueden hacer de una filosofía.

6 enero 2010 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la originariedad y temporalidad del diálogo filosófico

Umberto Eco nos aconseja: “trabajad sobre un contemporáneo como si fuera un clásico y sobre un clásico como si fuera un contemporáneo”.

La temporalidad de lo histórico es la unidad extática donde se enlazan inseparablemente el futuro, el presente y el pasado, integrándose y siendo comprendidos como tales. Cuando la tradición oral y escrita es comparada además con otras, surge la posibilidad de comprender la gestación de las diversas culturas como creaciones humanas y con ello nace la conciencia que propiamente llamamos histórica.

Ha de realizarse una distinción muy cuidadosa entre la temporalidad intrahistórica de los elementos “materiales” de la historia y el caracter transcendental de la acción libre que funda esa historia en virtud de su propio modo de ser. Sólo  en esa distinción se alcanza a comprender la historicidad propia de la reflexión filosófica y la originariedad del diálogo que se ha de mantener con los textos del pasado.

Lo histórico se refiere a lo intrahistório, es decir, a los elementos materiales que se presentan como problemas y/o como medios o instrumentos para esa comprensión y su proyecto de libertad, y a los elementos materiales-culturales o bienes producidos en los que se plasma y expresa dicha comprensión y proyecto. La historia como ciencia ha de estudiar las objetividades y buscar su determinación objetiva con la que poder “dar cuenta” de lo estudiado. Por tanto, excluye metodológicamente recurrir a la libertad como explicación, pues ella es autonomía, lo objetivamente no determinable, y esto científicamente significaría ignorancia de las causas determinantes. Por tanto, la historia como ciencia permanece en la temporalidad de lo intrahistórico, constituido y determinado por las relaciones heterónomas estudiadas.

Los elementos intrahistóricos se encuentran determinados históricamente, o al menos determinarlos de tal manera es el programa que se pone a sí misma la ciencia histórica. Pero no se puede hablar del mismo modo del acto de libertad que funda esa historicidad, ni siquiera del acto que funda la misma ciencia histórica. La propia comprensión histórica sólo es posible por medio de un acto y una estructura transcendental que ya no pueden ser elementos intrahistóricos, sino una acción que posibilita el conocimiento de éstos.

La temporalidad o historicidad del pensar filosófico es la propia de todo acto originario de libertad, como ocurre también con el arte o con la invención de paradigmas científicos, etc. No parten, ciertamente, de una substancia cerrada en sí y transcendente, sino de una cultura, de un lenguaje ya dado, de unos materiales disponibles, de unas relaciones sociales que lo favorecen o estorban, de unos problemas y una situación concretos. Está condicionado, pero no determinado por las relaciones que estudia la historia.

La historicidad del quehacer filosófico se encuentra configurada por:

  • una temporalidad intrahistórica que obliga a un estudio científico, histórico y filológico, y a la vez, por
  • una originariedad que no tiene el carácter de cosa, ni temporal ni eterna, sino el de una manifestación de lo originario, que obliga a co-pensar, a filosofar, si ha de ser entendido.

Escuelas, términos, tipos preferente de problemas, planteamientos retomados o rechazados, instituciones… son elementos intrahistóricos interno al mismo devenir de la filosofía. Todos esos elementos han de ser estudiados con riguroso método histórico y filológico. Pero todo eso se quedaría en mera erudición, en conocimiento “externo”, y a la postre en incomprensión, si no logramos captar la originariedad del pensar que allí se manifiesta.

El pensar filosófico no es mera expresión de la psicología de un individuo o de la cultura de una época o la de su clase social, sino que tienen una intención de verdad, de universalidad, de validez sobre lo real, por encima de esos condicionamientos personales e históricos. Esta pretensión se funda en la originariedad del acto de libertad y de la autoconciencia transcendental, las cuales son condiciones de posibilidad de la reflexión filosófica. Pero todo esto es posible si también pensamos por nosotros mismos, si co-filosofamos recreando el texto de tal manera que no nos quedemos en las meras palabras, sino que éstas se nos vuelvan transparentes nos dejen ver hacia dónde apuntan (quizás sin alcanzarlo), o sea aquello de lo que hablan, el asunto del que tratan y que nos concierne también a nosotros, viendo que su tema no es meramente intrahistórico.

15 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: Pensar desde sí la totalidad

Sólo abriéndonos idealmente a la totalidad de lo real podemos darnos cuenta de nuestras limitaciones empíricas, situar y comprender nuestra finitud: porque sé qué significa la totalidad (idealmente), comprendo mi situación como una concreción limitada, y a la inversa.

Llamamos “razón” a esa apertura consciente y reflexiva del sujeto pensante a la totalidad, apertura que se lleva a cabo preferentemente en el tipo de reflexión que denominamos “filosofía”. Ese es el ámbito en donde se realiza propiamente la libertad, en el que nos orientamos y sabemos a qué atenernos. Esa apertura hace posible poner en tela de juicio las ideas concretas que yo tengo ahora de las cosas, en cuanto desorientadas o parciales, gracias a un diálogo con los otros que me sitúa en mi singularidad. Porque todos pretendemos hablar de esa totalidad de lo real, es posible y necesario el diálogo.

Por el camino de lo empírico nunca se llega a la totalidad. Las teorías o hipótesis coentíficas sólo alcanzan parcelas o sectores de la realidad. La filosofía, por el contrario, es un pensar que se pregunta de principio por la totalidad como tal: ¿qué es lo real? La filosofía no remite a algo determinado, como la ciencia, sino a lo originario, a lo libre. Nace de la libertad y se dirige a la libertad.

El científico puede trabajar dentro de un paradigma, con sus datos, pues su investigación es más concretizable, objetivable, medible, repetible experimentalmente, decidible de modo empírico. El filósofo, aunque parte de hechos a explicar, se apoya en última instancia en la razón, pues la totalidad no es empíricamente comprobable.

El tema científico puede venir dado más desde fuera, desde lo objetivo, o desde el estado actual de la investigación y de los experimientos. El tema filosófico es más independiente de ese estado de la cuestión (sin por ello tener que desconocerla), pudiendo volver a lo pretendidamente superado. La ciencia nace de un acto de libertad, pero no se dirige a pensarla en cuanto tal. Parte del interés (práctico y pragmático) que el sujeto tiene de liberarse lo más posible de sus limitaciones y protagonizar su vida (= ser sujeto), pero se centra en los objetos, en lo heterónomo, en los útiles entre los que podría moverse y concretarse nuestro proyecto de autonomía. La filosofía tiene a éste por tema.

El científico ha de estar informado de ese último experimento que parece confirmar o refutar empíricamente las consecuencias de tal o tal hipótesis, y lo que dijeron los griegos puede ser más bien de museo; el filósofo no está tan atado a la novedad, pues su investigación no es tan lineal ni objetivable, sino que ésta retorna siempre al principio ya que es un continuo repensar ese principio, y lo que dijo Platón es en cierta manera tan actual como lo que ha dicho Heidegger.

12 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , | Deja un comentario

Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica: la originariedad y la finitud en la investigación filosófica

Sobre la originariedad

  • Yo quiero = yo quiero satisfacer mi querer.
  • Sólo hay comprensión cuando se va de las teorías a la realidad y de la realidad a las teorías.
  • En filosofía hemos de relacionar lo que leemos con nuestro pensar, nuestro querer y nuestro vivir, en caso contrario el texto no nos dice nada; hay que ir de los libros a la vida, de la reflexión a la experiencia personal, y a la inversa, para que ambos se vivifiquen.
  • Primera regla práctica: el interés propio ha de ser el que elija el tema a investigar.

Este es el fundamento y la meta en el estudio de la filosofía: la originariedad, que cada uno construya desde sí, desde su libertad, la comprensión del mundo, sólo así habrá verdadera comprensión, y no primariamente la originalidad por la originalidad, el decir las cosas que nadie haya dicho antes; eso vendrá por añadidura.

La investigación filosófica ha de servir en primer lugar a uno mismo, a crecer intelectualmente en aquello que le interesa, o al menos que le proporcione cierta satisfacción intelectual, a fin de que le sea productivo ese esfuerzo. Entonces quizás lo sea también para otros.

Sobre la finitud

  • El querer es finito y por tanto tiene que manifestarse como queriendo algo, ha de concretar su interés, diseñar o planificar su fin.
  • El querer busca la totalidad, donde estaría plenamente satisfecho y encontraría el bien supremo. Este, en nuestro caso, sería saberlo todo
  • No obstante, el querer, en cuanto finito, se ha de mediatizar por lo objetivo, pues lo empírico es inabarcable.
  • Segunda regla práctica: hay que concretar el tema de forma asequible a las posibilidades de uno mismo, asequible por su amplitud, el tiempo disponible, la preparación que ya se tiene, los idiomas que se conoce o se puede aprender, la bibliografía alcanzable, etc.

Es importante estar informado, como corresponde a nuestra finitud, pero más aún darse tiempo para pensar por sí mismo esos materiales aportados por la lectura, elaborarlos personalmente, organizarlos desde nuestra originariedad.

——-

La serie que comienzo con título “Cuestiones metodológicas en la investigación filosófica” son resúmenes del texto que tiene el mismo nombre de Jacinto Rivera de Rosales, profesor del departamento de Filosofía de la UNED, y que puedes descargarte aquí

1 diciembre 2009 Posted by | Filosofía, Investigación, Metodología | , , | Deja un comentario