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el blog de los aprendices de Filosofía

La moral como estructura: libertad y determinismo

El hombre, al poder dar diferentes respuestas y hacer diversas propuestas, tiene que interpretar la realidad y elegir de entre las posibilidades que se le ofrecen las que estime pre-ferentes, lo que comporta una vida inestable, que no es sino la otra cara (y el riesgo) de su propia libertad. Como al animal, la vida nos ha sido dada, pero a diferencia de él, no nos ha sido dada hecha, teniendo cada cual que ser su propio novelista -más o menos originario o plagiario- e inventar su propia vida: nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado. Y es que hay algo de lo que los hombres no somos libres: de dejar de serlo, pues, como decía Sartre, estamos condenados a la libertad.

Es a ese tener que elegir a lo que se denomina moral como estructura.

Pero libertad y responsabilidad no se ejercen, desde luego, en ausencia de todo condicionamiento. Lejos de pensar la libertad como simple indeterminación o falta de límite, es en su seno donde hemos de realizarla. La falta de límites no permite nuestra realización, sino que nos extravía y, como en el desierto, al carecer de todo tipo de referencias, no sabríamos hacia dónde dirigirnos. El límite, la perspectiva, nos orienta y nos abre al mundo.

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17 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | | 1 comentario

Moral como actitud

Ética interpersonal y ética impersonal

La génesis del individuo está socialmente mediada: la individualización se produce a través de la socialización. En Ética y Política, Aranguren subrayó la necesidad de la apertura a los otros para que se pudiese hablar de una actitud realmente ética que, sin menoscabo del protagonismo individual, pudiese generar una ética social o transpersonal, desplegada en :

  • Ética interpersonal o ética de la alteridad, en la que el otro es un alter concreto, o en una…
  • Ética impersonal o ética de la aliedad, en la que el otro no es un alter al que conozco y trato, sino un alius, es decir, un otro innominado y más o menos distante, pero al que asimismo estoy obligado en las tareas colectivas de la sociedad a la que pertenezco.

Ética de la convicción y ética de la responsabilidad

La persona que se mueve mediante una ética de la convicción lo hace por principios incondicionados, con independiencia de los resultados derivados de su actuación, es decir, son entrar en un cálculo de las consecuencias derivadas de su acción, conforme al lema “Obra bien y deja el resultado en manos de Dios”.

Otras personas, como los políticos, aún no careciendo de principios, ha de estar atento a las consecuencias previsibles e incluso laterales y no deseadas de suacción, moviéndose conforme a una ética de la responsabilidad. Este tipo de ética se desliza  por la peligrosa pendiente de la violencia y el mal:

“Ninguna ética del mundo puede eludir el hecho de que para conseguir fines “buenos” hay que contar en muchos casos con medios moralmente dudosos, o al menos peligrosos, y con la posibilidad e incluso la probabilidad de consecuencias laterales moralmente malas” (Weber)”

No se trata de dos tipos de éticas, una para el común de los mortales y otra para los poíticos, pues éstos se encuentran tan sometidos a los principios éticos como los demás, sino de las nunca fáciles relaciones entre ética y política, las cuales pueden oscilar entre la actitud del “alma bella”, que preserva la limpieza de sus manos a costa de su escapismo o que que se convierta en fanática, y la presuntamente eficaz, pero sin escrúpulos, que sacrifica al dios de la violencia principios y personas.

Ética normatica: ética teleológica y ética deontológica

La ética normativa es aquella disciplina filosófica que trata de señalar lo bueno o lo malo en la vida humana, lo que debemos hacer en el orden de los princpios, siendo misión de la phrónesis, de la prudencia en el sentido aristotélico del término, su aplicación a la inmensa variabilidad de los casos particulares.

La ética teleológica advierte que el Bien es aquello a los que todas las cosas tienden, siendo la eudaimonía (habitualmente traducido por felicidad) el bien buscado por los humanos. Toda su estrategia consiste en llenar de contenido normativo el concepto de felicidad.

El paradigma deontológico de la ética procede de Kant quien argumenta a su entender que si el fin que quizá podemos atribuir a la naturaleza hubiera sido que el hombre fuese simplemente feliz, la naturaleza lo habría equipado para tal propósito con cierto sistema que le permitiera acceder a través de un sistema instintivo que no errara ni en los fines ni en los medios necesarios para obtener la felicidad. Al dotarle de razón y libertad parece que el hombre queda alejado de verdadera satisfacción, pues el cálculo relativo al disfrute de la vida acaba por conducir a muchos a una cierta misología u odio hacia la razón, al desesperar de ésta como medio adecuado para tal disfrute. El fin de la razón, para Kant, no es tanto (o no sólo) la consecución de la felicidad, sino el hacernos dignos de ella a través de una buena voluntad.

Teorías descriptivistas y no-descriptivistas

Dentro de las teorías descriptivistas encontramos:

  1. Teorías naturalistas: estiman que las condiciones de verdad de los enunciados morales son similares a las de las ciencias empíricas, por lo que los métodos de éstas serían suficientes para dilucidar su verdad o falsedad, sin precisar de ninguna premisa ética, dado que el significado de los enunciados éticos es similar al de aquellos otros en los que no aparecen términos éticos.
  2. Teorías intuicionistas: comparte con el naturalismo el que los enunciados éticos pueden ser verdaderos o falsos y el que los términos éticos se refieren a propiedades, pero sosteniendo sin embargo que esas propiedades no son definibles no empíricamente observables, sino propiedades morales sui generis, sólo accesibes a la intuición.

Para el no-descriptivismo ni los términos éticos se refieren a propiedades ni los enunciados éticos pueden ser parafraseados metalingüisticamente en el lenguaje de la verdad o de la falsedad.

  1. Según el emotivismo un enunciado ético no describe nada del mundo, sino que expresa las actitudes o emociones del hablante, haciéndose imposible el discurso racional en Ética.
  2. El prescriptivismo insiste en que la función de los enunciados éticos, aun no siendo descriptiva, es asimilable a la de otros enunciados no fácticos, como ordenar, prescribir, aconsejar, etc. asólo que las convicciones éticas no deberían identificarse con la posesión de actitudes, deseos o emociones personales, sino con la de actitudes impersonales o “morales”, si es que el discruso ético es racionalmente posible, sin reducirse a la retórica emotiva.

16 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 2 comentarios

Moral-inmoral: moral como contenido

Moralidad y eticidad

El ser humano no sólo trata de “ajustarse” a la realidad de cualquier forma, sino de hacerlo con justeza, de la manera preferible o mejor, debida o buena, que es a lo que se denomina “moral como contenido” (según Zubiri y Aranguren). Los contenidos de la moralidad suene venir ofrecidos sociohistóricamente por las religiones, las visiones de sentido y las normas de convivencia, es decir, por los códigos culturales. Esa normatividad la encarnan las instituciones y queda recogida en el francés moeurs o en el alemán Sitten. La Sittlichkeit (la eticidad) viene constituida, para Hegel, por las valoraciones sedimentadas en las instituciones sociales que superan lo que él consideraba la “mera moral”.

Bueno en sentido instrumental y en sentido moral

El término bueno no siempre se usa en sentido moral. En ciertas ocasiones tiene un significado puramente instrumental, en cuanto adecuado a su fin, como cuando decimos que un cuchillo es “bueno”, en la medida en que corta precisa y afiladamente, sin darle a la expresión connotación moral alguna. “Deseable”, por su parte, puede referirse tanto a lo que debe ser el objeto de deseo cuanto a lo que de hecho es deseado por alguien.

Kant, en la Crítica de la razón práctica (1788), quiso desbaratar el equívoco y la ambigüedad de las expresiones “bonum” y “malum”, susceptibles de un doble sentido, sirviéndose de las posibilidades brindadas por el alemán:

  • Acepción moral: “das Gute” (lo bueno) para bonum y “das Böse” (lo malo) para malum.
  • Acepciones instrumentales: “das Wohl” (lo provechoso”) para referirse a bonum y “das Übel” (lo perjudicial) o “das Weh” (lo dañino) para referirse a malum.

El provecho o el perjuicio siempre significan tan sólo una relación con nuestro estado de agrado o desagrado, de deleite y dolor, y cuando deseamos o aborrecemos por ello un objeto, tal cosa tiene lugar únicamente por cuanto dicho objeto queda relacionado con nuestra sensibilidad, asó como con el sentimiento de placer y displacer que produce.

“Felicidad es la satisfacción de todas nuestras inclinaciones, tanto extensive, atendiendo a su variedad, como intensive, respecto de su grado, como también protensive, en relación con su duración. La ley práctica derivada del motivo de la felicidad la llamo pragmática (regla de prudencia). En cambio, la ley, si es que existe, que no posee otro motivo que la dignidad de ser feliz la llamo ley moral (ley ética) (Kant, 1978)”

Ética material y ética formal

La moral como contenido no es necesariamente lo que se ha dado en llamar una etica material, sino que puede venir constituida por una ética formal. La ética material prescribe a través de códigos morales y de modo bastante concreto lo que se debe hacer, regulando con detalle el contenido de nuestro comportamiento. La ética formal no establece qué hemos de hacer en concreto, sino tan sólo cómo hemos de obrar para que nuestro comportamiento sea efectivamente moral. En este caso, la moral como contenido se hace aquí puramente formal, es decir, vacía de contenido.

15 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Moral-desmoralizado

Cuando decimos de alguien que se encuentra desmoralizado o que está bajo de moral no se pretende decir que se comporta de mala manera. La vida moral no sólo consiste en obrar bien, sino asimismo en mantener, en medio de las dificultades que la vida acarrea, el suficiente ánimo para afrontarla. La tristeza (tristitia) y el abatimiento eran considerados por los teólogos medievales como el pecado radical y la alegría, para autores como Nietzsche o Spinoza, como una de las formas más altas de virtud. El sentido que adquiere “moral” cuando se contrapone a “desmoralizado” viene a ser el de “fuerza para vivir”, ánimo, coraje, que luego habrán de emplearse en el bien o en el mal, pero sin los cuales ni uno ni otro pueden realizarse.

En la época moderna y contemporánea se acepta sin escándalo que la virtud pueda ser el comportamiento impotente y derrotado. No era así entre los clásicos: virtud proviene etimológicamente de vir, arrojo viril, y todavía en el Renacimiento virtú tiene que ver más con el denuedo y la intrepidez que saben hacerse con el triunfo que con la disposición de respetar determinados preceptos de moderación. El virtuoso es el triunfador, el más eficaz.

Como resumen y para terminar, las palabras de Ortega: “Un hombre desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida, y por ello no crea, ni fecunda, ni hinche su destino”.

14 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 6 comentarios

Moral-amoral

Un sujeto amoral no es aquél que elige lo malo frente a lo bueno, sino que el que no se hace cuestión de la alternativa del bien y del mal y pretende situarse “más allá” o “más acá” de la misma.

Encontrarse más acá de la alternativa del bien y el mal es situarse en el estadio estético que propone Kierkegaard, es decir, aquel que realiza sus elecciones desde una cierta indiferencia. Se elige ahora esto, luego lo otro, sin que en ninguna de esas elecciones el hombre comprometa su existencia. La diferencia radical entre el hombre del estadio estético y el del estadio ético no es que uno elija el mal y el otro el bien, sino que el primero no quiere hacerse cargo de la cuestión mientras que el segundo la tiene en cuenta. Quien sólo elige estéticamente se coloca a merced del capricho, dejándose elegir por los variables impulsos o dejándose hacer por el tiempo, los otros, la sociedad. Es un indiferente que hace dejación de su responsabilidad y, al negarse a realizar su frágil y arriesgada -pero tal vez hermosa- libertad, se abandona a la cosificación. Como dice Fernando Savater, “el indiferente es cosa entre las cosas: sabe que de las cosas no puede esperarse nada, porque todas dan lo mismo, y él no se siente llamado a introducir apasionadamente en ellas las debidas distinciones”.

Encontrarse más allá de la alternativa pretendió situarse Nietzsche. En vez de una moral reactiva a los criterios por otros impuestos, que no pretende originariamente nada y es propia de espíritus sometidos, él propone la moral de alguien “rudo, poderoso, plantado en sí mismo, que quiere ser señor”. Frente a la moral del rebaño, la figura del superhombre; frente a las normas universales, el propio querer. Su “más allá del bien y del mal” no pretende sino establecer otro “bien” y otro “mal”, una nueva jerarquía de valores.

El fenómeno de la amoralidad hay quien la entiende más como un problema psicopatológico que ético, si es que no como un concepto límite, que remite a un conjunto vacío, en el que los casos aislados de auténtica privación del sentido del bien y del mal vendrían a ser la excepción que confirma la regla, sin forzar una nueva categorización.

13 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 3 comentarios

Ética y moral: aproximación semántica

Ética deriva de las palabras griegas êthos y éthos:

  • Êthos: posee dos sentidos fundamentales: el sentido más antiguo aludía a la “residencia”, a la “morada”, al “lugar donde se habita”. Así lo señaló Heidegger en su Carta sobre el humanismo. El significado fue evolucionando hasta llegar a designar el lugar (metafórico, interior) desde el que se vive, es decir, la disposiciones fundamentales del hombre en la vida, su carácter.
  • Platón y Aristóteles derivaron êthos de éthos (el carácter de la costumbre) y acercaron el sentido de éthos al de héxis (hábito que se adquiere a través de la repetición). El carácter sería entonces como una “segunda naturaleza” -fuente de nuestros actos y a la vez resultado de ellos-, frente al mero talante o temperamento (significado originario de héxis), con el que hemos de forjar nuestra personalidad moral.

Ambos términos, êthos y éthos, fueron traducidos al latín de la palabra mos, de la que provendría “moral”. En la traducción prevaleció el sentido de costumbre o hábito en detrimento de las otras acepciones, con lo que la reflexión ética se fue deslizando desde el plano del carácter moral al de su desgajamiento en hábitos y, progresivamente, hacia una atomización de la vida moral, que acabaría centrándose en los actos -buenos o malos- tomados aisladamente.

Así, entre los actos, los hábitos y el carácter se establece una especia de círculo: nuestros habitos y actos dependen de nuestro carácter, pero el carácter se forja a través de sucesivas elecciones y decisiones. Y el modo de ser es el resultado de nuestra disposición o talante, elaborado por el carácter que, a través del comportamiento, vamos conformando. Pero el centro de gravedad está en la vida en su conjunto, más que en los actos aislados los cuales, en realidad, sólo cobran relieve e importancia en cuanto se supone que en ellos se expresa la vida moral.

Otra de las difusas fronteras semánticas se encuentra en el filósofo moral (cuya labor es principalmente teórica, aunque referida a la práctica) y el moralista (cuya labor es ante todo la de reformar y alentar la práctica moral de los humanos). Aunque el filósofo moral reflexiona sobre la vida práctica, no por ello tiene forzosamente que jugar el papel de moralista, sino que puede limitarse a una reflexión teórica general sobre el fenómeno de la moralidad.

Y es que la moral hace directa referencia al comportamiento humano y a su calificación en cuanto bueno o malo, haciéndose cargo del mismo los diversos códigos o principios que tratan de regular las acciones de los hombres. Así, podríamos hablar de moral o códigos cristianos, budistas, marxistas, etc. Ética, por su parte, es aquella rama de la filosofía que piensa la vida moral, sin proponerse prescribir o aconsejar, como lo hacen los referidos códigos y principios morales, sino más bien reflexionando sobre ellos, para intentar ver cómo funcionan y dar razón de los mismos.

Resumiendo:

  • “ética” y “moral”, escritas en minúsculas y como sinónimos, se refieren a la moral vivida.
  • “Ética” y “Moral”, escritas en mayúsculas, se refieren a la reflexión filosófica sobre la moralidad, sobre las diversas formas de la moral vivida.

12 enero 2010 Posted by | Ética, Filosofía | , , | 1 comentario