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el blog de los aprendices de Filosofía

Nacionalismo y autodeterminación

En un Estado nacional sólo tiene cabida una autodeterminación. No se considera la posibilidad de ninguna otra en su territorio y, si apareciera, sería vista como una amenaza a la unidad nacional. Entramos en un círculo vicioso que no tiene solución: por un lado, el nacionalismo ha sido motor del modelo de Estado nacional; por otro, la constitución y defensa de los estados nacionales impide la realización política de aquellos otros nacionalismos de las naciones sin Estado, cuya autodeterminación está en directa contradicción y oposición con el principio de la soberanía nacional que fundamenta al Estado al cual pertenecen.

El Estado nacional y la autodeterminación son conceptos interdependientes, pero parten de un problema irresoluble: el territorio es limitado. Puede haber 100, 200, 400 estados nacionales, incluso más, pero el territorio objeto del deseo es el mismo. El Estado nacional es soberano sobre un territorio delimitado por fronteras y no admite compartirlo con nadie, sino defenderlo frente a otro, sea uno o carios estados nacionales, sea una Nación o naciones dentro del propio Estado.

Si una parte de la población se define como Nación y reivindica el derecho de autodeterminación, no le será fácil ejercerlo. Tendrá que confiar en factores que escapan a su control, como una crisis general del sistema político, la caída del imperio con el que estába vinculado, una guerra internacional o bien el interés de una potencia mundial en apoyar la centrifugación o disolución de un imperio colonial o de un Estado plurinacional.

En todo caso, no debería confundirse la autodeterminación de hecho con la autodeterminación de derecho. Se autodetermina quien puede y no quien quiere. En este punto, el Estado nacional es poco o nada democrático. Teniendo en cuenta que el nacionalismo universal es imposible y que la Tierra no es un globo que pueda aumentar su tamaño, ¿qué hacer? Cambiar de paradigma, a partir del hecho de que el Estado nacional es una realidad histórica y, como tal sujeta a evolución y cambio.

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11 febrero 2010 Posted by | Filosofía Política, Nacionalismo | , , | Deja un comentario

El Estado, el nacionalismo y sus fases

Entre el individuo y la Nación liberal se encuentra una red de instituciones cada vez más compleja, con las que cada uno mantiene unas relaciones fudnadas en una libertad de elección y acción. El nacionalismo tendrá necesidad de promover mediante sus protavoces una lealtad previa o superior a cualquier otra: la lealtad nacional. Ésta es compatible, por supuesto, con lealtades de otro tipo, empezando por la lealtad democrática y, asimismo, admite lealtades nacionales compartidas o un nacionalismo multinivel. Así, se podrían promover identidades y lealtades nacionales sumables y compatibles, por ejemplo, Cataluña, España y Europa. Pero no es tan fácil asumirlo desde el nacionalismo, incluso es una paradoja para muchos nacionalistas.

La virtud y el problema del nacionalismo es que los tres grandes fines políticos del mundo moderno, el bienestar, los derechos, y el autogobierno, sólo se comprenden en el marco de la Nación. Por eso se afirma que “un pueblo libre es un pueblo que se autogobierna”. Pero una sociedad que busca o promueve la homogeneidad cultural y la lealtad patriótica, difícilmente podrá dar una respuesta satisfactoria a la diversidad cultural. Del mismo modo, tampoco estará en las mejores condiciones para comprender el autogobierno de forma policéntrica y asimétrica, de manera que pueda dar acomodo a la plurinacionalidad.

Vivimos en un mundo político de estados modelados según los principios básicos del Estado moderno, hobbesiano. A partir de estos principios se pueden enumerar cinco fases o zonas horarias del sistema de estados nacionales, que se solapan en el tiempo:

  1. Los primeros Estados-nación europeos occidentales como modelos originales del Estado moderno (España, Inglaterra, Francia, entre los siglos XVI y XVIII).
  2. La independencia de los Estados Unidos y la constitución de los sucesivos estados nacionales, fruto de la secesión de las colonias americanas de sus respectivas metrópolis europeas y, especialmente, del Imperio español (siglos XVIII y XIX).
  3. Los nacionalismo europeos tardíos que dieron lugar a nuevos estados nacionales por medio de la unificación (Alemania e Italia), o bien como resultado de la Primera Guerra Mundial y de la disolución del Imperio austrohúngaro. En esta fase también se incluye la Commonwealth of Nations, como regulación de la creciente liberalización de relaciones entre el Imperio británico y sus dominios (Canadá, Australia, Nueva Zelanda), el nuevo nacionalismo expansionista de Japón y las nuevas naciones sin estado en Europa, tales como Irlanda, Cataluña, Euskadi o Escocia).
  4. La extensión del nacionalismo y de los movimientos nacionalistas a otros continentes: Egipto (1936), India (1947), Israel (1948), Indonesia (1949) o Argelia (1962).
  5. La última surge como consecuencia del final de la guerra fría y del derrumbamiento del imperio soviético (1989), con el surgimiento de más de veinte estados nuevos o reestablecidos en el centro y este europeos y en Asia. El mundo cuenta hoy en torno a 200 estados, cifra que contrasta con los 51 estados que consituyeron las Naciones Unidas en 1945.

La pregunta que se puede formular es si existe la posibilidad de una sexta oleada nacionalista mirando al futuro, y si tiene sentido la constitución de nuevos estados, basados en las naciones sin Estado, o bien en aquellos movimientos de liberación nacional que persisten en su lucha por la autodeterminación nacional. Hechter ha clasificado distintos tipos de nacionalismo o procesos de construcción nacional mediante la constitución de un Estado propio o la realización nacional de un Estado preexistente:

  1. El nacionalismo de Estado, o la construcción nacional desde el Estado.
  2. El nacionalismo periférico o el nacionalismo que surge de naciones culturales que se resisten a la integración-asimilación por parte de otro Estado y se proponen tener un Estado propio.
  3. El nacionalismo irredento que ocurre cuando se pretende extender los límites del Estado nacional para incoporar territorios cuya población copertenece a la misma identidad nacional.
  4. El nacionalismo unificador cuando se promueve la construcción y constitución de un Estado nacional único sobre  un territorio culturalmente homogéneo pero políticamente dividido.

10 febrero 2010 Posted by | Filosofía Política, Nacionalismo | , | 1 comentario

Las divisiones y fracturas de las naciones políticas

Todo ciudadano tiene una “nacionalidad” por el mero hecho de estar vinculado a un ordenamiento jurídico estatal y no a otro. Asimismo, toda persona forma parte de una comunidad cultural específica, con la que comparte características que le son comunes. La Nación política, por el contrario, es una opción subjetiva. Forma parte del sentimiento y voluntad de las personas. No puede hablarse plenamente de Nación si no existe un sentimiento nacional, una conciencia nacional, una voluntad subjetiva de cada uno de los miembros de la comunidad que les identifica con la misma. La Nación política es es ser o no ser del nacionalismo, el eje vertebrador de la sociedad moderna.

Las divisiones o fracturas que pusieron en tela de juicio la uniformidad de la Nación política y la igualdad entre los ciudadanos fueron dos.

La primera fue de carácter externo y está relacionada con los límites territoriales que necesariamente tiene el Estado-nación. Cuando una comunidad nacional decide separarse de un Estado o se resiste a ser conquistada por un Estado, a pesar de inspirarse en los mismos valores ilustrados y liberales, nace una nueva Nación política. Este “nacimiento” puede legitimarse por la identidad cultural o, simplemente, por la voluntad política de separarse.

La segunda fue de carácter interno y se refiere a la división de la Nación política como reflejo de la división social del trabajo y de las clases sociales. La Nación política cuya base material es la economía liberal tiene una homogeneidad ficticia en la medida que está basada en la división social del trabajo y en la estructura de clases que caracterizan el sistema capitalista.

9 febrero 2010 Posted by | Filosofía Política, Nacionalismo | , | Deja un comentario

El concepto de Nación

El nacionalismo no tiene un fundador univeral o general, a diferencia de otras ideologías modernas. Tiene fundadores nacionales, tantos como estados o naciones se proclaman soberanos. Quizá por esta razón tampoco existe una definición de Nación aceptada con carácter general. En todo caso, se pueden distinguir cuatro puntos o características básicas de la Nación/nacionalidad:

  1. Comunidad de sentimiento.
  2. Comunidad de historia y cultura compartidas.
  3. Comunidad política.
  4. Comunidad que se realiza y autodetermina mediante el Estado.

1. Comunidad de sentimiento.

La Nación es ante todo una comunidad de sentimiento, que identifica al conjunto de miembros de la misma, los cuales se sienten vinculados a ella, que se reconocen unos con otros como pertenecientes a la misma Nación, y que se distinguen de otros que son de otras naciones. El sentimiento identitario es inherente a todas las naciones, es la prueba más evidente de que existe una comunidad de individuos que se sienten Nación y se identifican con la misma.

2. Comunidad de historia y cultura compartidas.

Las naciones tienen historia propia o no son. Es esta historia común la que va configurando una comunidad de carácter, una comunidad cultural, con características comunes que normalmente confluyen y se manifiestan mediante una lengua propia.

3. Comunidad política.

No es lo mismo una comunidad de sentimiento o de carácter, surgida de un pasado común, que una comunidad política del presente con voluntad de permanecer, mirando al futuro. La Nación o nacionalidad como comunidad política implica la explícita voluntad de vivir juntos bajo un mismo gobierno. En sentido antropológico, se define la Nación como una comunidad imaginada, donde la inmensa mayoría de sus miembros no se conocerán nunca, pero sin cruzar sus vidas viven la imagen de su comunión nacional.

4. Comunidad que se realiza y se autodetermina mediante el Estado.

La Nación es una comunidad soberana porque en ella reside la fuente del poder que legitima el Estado y a sus gobernantes.. Max Weber dio una de las definciones más breves de la Nación, al decir que es una comunidad de sentimiento que se manifiesta adecuadamente en un Estado propio. Una Nación con voluntad política de autogobierno sin conseguir este objetivo, o su recononocimiento internacional como Estado nacional, es una Nación incompleta en su sentido moderno. Y un Estado-nación jurídica que no consigue ser una comunidad de sentimiento, o en la que un porcentaje significativo de la población de una parte o partes de su territorio no se sienten nacionalmente vinculadas, es también una Nación incompleta y un Estado insuficientemente legitimado. La Nación moderna es plena y soberana cuando se realiza y autodetermina en el Estado.

8 febrero 2010 Posted by | Filosofía Política, Nacionalismo | , | Deja un comentario