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Los sofistas, Sócrates y Platón: la virtud es conocimiento

Los sofistas y Sócrates

Los sofistas representan la época ilustrada del pensamiento griego. Los sofistas eran mercenarios del saber ya que no se limitan a ser sabios, sino que hacen alarde de su saber puesto que lo enseñan y, además, cobran por su trabajo. Sócrates, por su parte, se escandaliza de la instrumentación que los sofistas hacen de sus enseñanzas. Sócrates, que también es sabio, no convierte su saber en mercancía, sino que hace profesión de su ignorancia: “Sólo sé que no sé nada”. Busca saber, ciertamente, pero no se propone enseñar lo que sabe, sino más bien poner de manifiesto las lagunas que cada cual tiene en su conocimiento.

La mayoría de los diálogos platónicos, los llamados diálogos socráticos, narran disputas entre Sócrates y los sofistas, en las que aquél utiliza el método dialéctico que consiste en descubrir, por la discusión y el diálogo, lo que unos y otros ignoran. A través de la conversación, a través de preguntas y respuestas, los interlocutores dicen buscar la verdad. Y es Sócrates quien siempre tira de afirmaciones de sus oponentes para mostrar la vulnerabilidad de las mismas y que el fundamento en el que se asientan es extremadamente frágil.

En realidad los sofistas ya no buscan la verdad. Aceptan que ni la ética ni la política pueden permitirse juicios que vayan más allá de la doxa, la opinión. Ni la ética ni la política son ciencias, se basan no en verdades sino en opiniones que, como tales, no son demostrables. A lo único que uno puede aspirar es a convencer o persuadir de la utilidad de sustentarlas. Por eso, los sofistas son maestros en retórica, el arte de la persuasión, el que les sirve para conseguir la adhesión a aquellas ideas o leyes que juzgan más convenientes.

Que los sofistas hayan pasado a la historia como los adalides de la argumentación engañosa y falaz es sólo consecuencia de la mala prensa que adquirieron por causa de la condena generalizada que de la sofística y de sus métodos basados en la retórica hace Platón.

La ética socrática

La ética socrática deriva de la máxima: “Conócete a ti mismo”: sólo el que aprende a conocerse sabrá lo que es bueno para él. Si tenemos en cuenta que al referirse a uno mismo, Sócrates no está pensando en el cuerpo sino en el alma. Conocerse significa tratar de buscar el bien del alma por encima del bien del cuerpo, un bien que no diferirá tanto de un individuo a otro, dado que las almas se parecen, en teoría, más unas a otras que los cuerpos.

Con la muerte de Sócrates culmina una forma de vida no sólo de reflexión y debate filosófico, sino testimonial y ejemplar. Sócrates teoriza poco sobre la ética, pero da ejemplo de ella. En los diálogos socráticos, más que decirnos lo que es la virtud, nos dice lo que la virtud no debe ser, refutando siempre y reiterativamente las opiniones de quienes participan en los diálogos.

Platón

Hay dos ideas fundamentales en el pensamiento moral de Platón:

  1. Sólo los verdaderamente filósofos deberían llegar a los cargos públicos. Esta idea la expone de manera brillante en el mito de la caverna: sólo los que se atreven a salir de la caverna y contemplar la realidad a la luz ideal, sólo lo que no se contentan con las sombras de la realidad, que es lo único que ven los que viven encadenados al mundo de las apariencias, sólo ésos son los auténticos amantes del conocimiento. Dicho de otra forma, sólo el sabio es totalmente virtuoso, pues basta conocer el bien para vivir conforme a él. Esta es una visión intelectualista de la vida moral, sin duda falsa, pero central para el idealismo platónico.
  2. El pensamiento moral platónico sigue siendo elitista y aristocrático. Aquí el virtuoso no es el héroe, sino el sabio. Pero no todos los hombres -y mucho menos las mujeres- pueden acceder a la condición de sabios. Al igual que le ocurre al almam que tiene tres partes -vegetativa, sensitiva y racional-, la ciudad está formada por tres estamentos: los obreros, los guardianes y los filósofos. Cada estamento tiene las virtudes que le son propias porque ha de cumplir una función (un télos) distinto en cada caso. A los obreros les corresponde trabajar, a los guardianes defender la ciudad y a los filósofos gobernarla. El fin es tanto el bienestar común como el buen funcionamiento de la ciudad. Por eso es una utopía: un ideal que no está en ningún lugar pero que se concibe como lo mejor.

2 febrero 2010 Posted by | Ética, Filosofía, Grecia | , , , , | 4 comentarios